Notas de Elena | Lunes 25 de septiembre 2017 | Gloriarse en la carne | Escuela Sabática

Lunes 25 de septiembre: Gloriarse en la carne
Miren en el espejo de la ley de Dios los que se sienten inclinados a hacer una elevada profesión de santidad. Cuando vean la amplitud de sus exigencias y comprendan cómo ella discierne los pensamientos e intentos del corazón, no se jactarán de su impecabilidad. “Si dijéremos —dice Juan, sin separarse de sus hermanos— que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros”. “Si dijéremos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad” (1 Juan 1:8, 10, 9).
Hay quienes profesan santidad, quienes declaran que están completamente con el Señor, quienes pretenden tener derecho a las promesas de Dios, mientras rehúsan prestar obediencia a sus mandamientos. Dichos transgresores de la ley quieren recibir todas las cosas que fueron prometidas a los hijos de Dios; pero eso es presunción de su parte, por cuanto Juan nos dice que el verdadero amor a Dios será revelado mediante la obediencia a todos sus mandamientos. No basta creer la teoría de la verdad, hacer una profesión de fe en Cristo, creer que Jesús no es un impostor, y que la religión de la Biblia no es una fábula por arte compuesta. “El que dice, Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos —escribió Juan—, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él, mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él”. “El que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él” (1 Juan 2:4, 5; 3:24).
Juan no enseñó que la salvación puede ser ganada por la obediencia; sino que la obediencia es el fruto de la fe y del amor… Si permanecemos en Cristo, si el amor de Dios habita en el corazón, nuestros sentimientos, pensamientos y acciones estarán de acuerdo con la voluntad de Dios. El corazón santificado está en armonía con los preceptos de su ley (Los hechos de los apóstoles, pp. 449, 450).
Si los miembros de la iglesia trabajan fielmente para edificar la causa de la verdad, no escaparán de la lengua del chismoso, de la falsedad y de la calumnia. “Y también todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12). Su conducta consecuente e inconmovible es un reproche constante para la incredulidad, el orgullo, el egoísmo del profesante hipócrita…
Jesús no pierde de vista a su pueblo, que tiene que hacer frente a tantos desánimos. Requiere poquísimo esfuerzo flotar con la corriente popular, pero aquellos que alcanzarán las playas inmortales deben luchar contra viento y marea. Hay una forma de cristianismo —una falsa profesión—que no tiene energía reformadora. Sus poseedores se complacen en oponerse a la fe de otros y en desacreditarla…
El verdadero seguidor de Cristo no debería desmayar al recibir reproches de esta clase… Los que son fieles a Dios no recibirán daño en el reproche o en la oposición. No, más bien así se desarrollarán virtudes que no florecerían en el sol de la prosperidad. La fe, la paciencia, la humildad y el amor brotarán y florecerán en medio de las nubes y de las tinieblas (Nuestra elevada vocación, p. 361).

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