Lunes 26 de enero: La boca del justo

Hay un poder maravilloso en el silencio. Cuando os hablen con impaciencia no repliquéis de la misma manera. Las palabras dirigidas en respuesta a uno que está enojado actúan generalmente como un látigo que acrecienta la furia de la ira. En cambio, pronto se disipa la ira si se le hace frente con el silencio. Frene el cristiano su lengua, resol¬viendo firmemente no pronunciar palabras ásperas e impacientes. Con la lengua frenada puede salir victorioso de cada prueba de la paciencia por la cual tenga que pasar. Con su propia fuerza el hombre no puede gobernar su espíritu. Pero mediante Cristo puede lograr el dominio propio. Con la fuerza de Cristo puede poner sus pensamientos y palabras en sujeción a la voluntad de Dios. L^a religión de Cristo pone las emociones bajo el gobierno de la razón, y disciplina la lengua. Bajo su influencia se apacigua el temperamento precipitado, y el corazón se llena de paciencia y suavidad (Mensajes para los jóvenes, p. 134). Dejad de ocuparos de las faltas ajenas. Mantened la lengua santificada para Dios. Refrenaos de decir alguna cosa que pudiera menoscabar la influencia de otro. Al complaceros en esas palabras de crítica, blasfemáis el santo nombre de Dios tan ciertamente como si pronunciarais juramentos…
Necesitamos especialmente precavernos de que nuestra lengua no esté consagrada a Satanás. La lengua que Dios ha dado debe ser usada para glorificarlo con el habla. A menos que hagamos esto, directamente seremos un obstáculo para la obra de Dios en este mundo, y con toda seguridad los castigos del cielo caerán sobre nosotros (Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1068). Si Cristo habita en nosotros, debemos ser cristianos tanto en el hogar cuanto fuera de él. El que dice ser cristiano expresará palabras bondadosas a sus parientes y a otros con los que también se relaciona. Será bondadoso, cortés, amable y compasivo, y deseará educarse a fin de poder habitar con la familia celestial. Si es miembro de la realeza, procurará representar bien al reino en todo lugar. Hablará a los niños con amabilidad, ya que ellos también son herederos de Dios y miembros de las cortes celestiales. Entre los hijos del reino no hav lugar para las asperezas, porque “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22, 23). En la iglesia se manifestará el espíritu que se cultiva en el hogar. Oh, debemos educar el carácter para practicar la piedad, la docilidad, la ternura, la compasión y el espíritu perdonador. Al abandonar la vanidad, la conversación insensata y las burlas, no nos hará fríos, antipáticos y antisociales. El Espíritu del Señor descansará sobre usted hasta que adquiera la fragancia de las flores del jardín de Dios. Debe mantenerse hablando acerca de la luz, y de Cristo, el Sol de Justicia, hasta que en usted se produzca el cambio de gloria en gloria, de un carácter a otro mejor, y de una fortaleza a otra mayor, para reflejar más y más la preciosa imagen de Jesús (Recibiréis poder, p. 77).
http://escuelasabatica.es/

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