Notas de Elena | Lunes 26 de marzo 2018 | El contentamiento | Escuela Sabática

Lunes 26 de marzo: El contentamiento
A fin de ser felices, debemos luchar por alcanzar aquel carácter que Cristo manifestó. Una notable peculiaridad de Cristo era su abnegación y benevolencia. Él no vino a buscar lo suyo. Anduvo haciendo bien, y esto era su comida y bebida. Siguiendo el ejemplo del Salvador, podemos estar en santa comunión con él; y tratando diariamente de imitar su carácter y seguir su ejemplo, seremos una bendición para el mundo, y obtendremos para nosotros contentamiento aquí y recompensa eterna en la otra vida (Testimonios para la iglesia, tomo 4, p. 224).
Para que la edificación de nuestro carácter sea grata a Dios debemos avanzar constantemente en espiritualidad. Debemos considerar como algo sin valor todo aquello que amengüe nuestra fe y confianza en nuestro Redentor. Cuanto más luz brilla en nuestras almas, tanto más se nos exige que reflejemos esa luz sobre otros. Dios desea que dejes brillar tu luz sobre el mundo…
Descansando en el amor de Cristo, confiándole al Redentor y Dador de la vida el llevar a cabo para ti la salvación de tu alma, verás, al acercarte cada vez más a él, lo que significa estar a la vista del Invisible. Dios desea que reposemos confiados en su amor. El contentamiento que Cristo da es un don infinitamente más valioso que el oro, la plata y las piedras preciosas (En los lugares celestiales, p. 188).
Debemos ofrecer a los hombres algo mejor de lo que tienen, es decir la paz de Cristo, que sobrepuja todo entendimiento. Debemos hablarles de la santa ley de Dios, trasunto fiel de su carácter y expresión de lo que él desea que lleguen a ser. Mostradles cuán infinitamente superior a los goces y placeres pasajeros del mundo es la imperecedera gloria del cielo. Habladles de la libertad y descanso que se encuentran en el Salvador. Afirmó…
Levantad en alto a Jesús y clamad: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29. Él solo puede satisfacer el ardiente deseo del corazón y dar paz al alma.
De todos los habitantes del mundo, los reformadores deben ser los más abnegados, bondadosos y corteses. En su vida debe manifestarse la verdadera bondad de las acciones desinteresadas (El ministerio de curación, p. 114).
Cristo vivía rodeado de la presencia del Padre, y nada le aconteció que no fuese permitido por el Amor infinito para bien del mundo. Esto era su fuente de consuelo, y lo es también para nosotros. El que está lleno del Espíritu de Cristo mora en Cristo. El golpe que se le dirige a él, cae sobre el Salvador, que lo rodea con su presencia… No tiene que resistir el mal, porque Cristo es su defensor. Nada puede tocarlo sin el permiso de nuestro Señor; y “todas las cosas” cuya ocurrencia es permitida “a los que aman a Dios…, les ayudan a bien” Romanos 8:28 (El discurso maestro de Jesucristo, p. 62).

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