Notas de Elena | Lunes 28 de noviembre 2016 | La entrada de Elíú | Escuela Sabática


Lunes 28 de noviembre: La entrada de Elíú
Las ventajas del hombre para obtener el conocimiento de la verdad, por grandes que sean, no le beneficiarán a menos que el corazón esté abierto para recibir la verdad y renuncie concienzudamente a toda costumbre y práctica opuestas a sus principios. A los que así se entregan a Dios, con el honrado deseo de conocer y hacer su voluntad, se les revela la verdad como poder de Dios para su salvación. Estos podrán distinguir entre el que habla de parte de Dios y el que habla meramente de sí mismo… “El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia”. El que busca su propia gloria habla tan solo de sí mismo. El espíritu de exaltación propia delata su origen. Pero Cristo estaba buscando la gloria de Dios. Pronunciaba las palabras de Dios. Tal era la evidencia de su autoridad como maestro de la verdad (El Deseado de todas las gentes, pp. 419, 420).
La justicia exterior da testimonio de la justicia interior. El que es justo por dentro, no muestra corazón duro ni falta de simpatía, sino que día tras día crece a la imagen de Cristo y progresa de fuerza en fuerza. Aquel a quien la verdad santifica, tendrá dominio de sí mismo y seguirá en las pisadas de Cristo hasta que la gracia dé lugar a la gloria. La justicia por la cual somos justificados es imputada; la justicia por la cual somos santificados es impartida. La primera es nuestro derecho al cielo; la segunda, nuestra idoneidad para el cielo (Mensajes para los jóvenes, p. 32).
Hermanos y hermanas que poseen buenas intenciones, pero que tienen conceptos estrechos y miran solo lo externo, pueden tratar de ayudar en cosas acerca de las cuales no tienen verdadero conocimiento. Su experiencia limitada no puede discernir los sentimientos de un alma que ha sido urgida por el Espíritu de Dios, que ha sentido en lo profundo ese amor e interés ferviente e inexpresable por la causa de Dios y por las almas, que ellos jamás han experimentado, y que ha llevado cargas en la causa de Dios que ellos jamás han levantado.
Algunos amigos carentes de previsión y de experiencia, no pueden, con su visión estrecha, apreciar los sentimientos de alguien que ha estado en íntima armonía con el alma de Cristo en relación con la salvación de otros. Aquellos que quisieran decir que son sus amigos malentienden sus motivos e interpretan erróneamente sus actos, hasta que, como Job, él prorrumpe en una ferviente oración: Sálvame de mis amigos. Dios toma el caso de Job en sus manos. Su paciencia ha sido severamente probada; pero cuando Dios habla, todos sus sentimientos quisquillosos cambian. La justificación propia que él sentía que era necesaria para resistir la condenación de sus amigos no es necesaria ante Dios. El nunca juzga mal; nunca yerra.

Dice el Señor a Job: “Cíñete ahora como varón”, y Job tan pronto oye la voz divina inclina su alma con un sentido de su pecaminosidad, y dice ante Dios: “Me aborrezco y me arrepiento, en polvo y en ceniza” (Job 38:3) (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 557, 558).
Escuela Sabática | Lección 10 | Para el 3 de diciembre de 2016 | La ira de Eliú | El libro de Job | Cuarto trimestre 2016 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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