Notas de Elena | Lunes 6 de noviembre 2017 | Cuando todavía eramos pecadores | Escuela Sabática

Lunes 6 de noviembre
Cuando todavía eramos pecadores
No porque le hayamos amado primero nos amó Cristo a nosotros… La gracia es un atributo de Dios puesto al servicio de los seres humanos indignos. Nosotros no la buscamos, sino que fue enviada en busca nuestra. Dios se complace en concedernos su gracia, no porque seamos dignos de ella, sino porque somos rematadamente indignos. Lo único que nos da derecho a ella es nuestra gran necesidad.
Por medio de Jesucristo, el Señor Dios tiende siempre su mano en señal de invitación a los pecadores y caídos. A todos los quiere recibir.
A todos les da la bienvenida. Se gloria en perdonar a los mayores pecadores. Arrebatara la presa al poderoso, libertara al cautivo, sacara el tizón del fuego. Extenderá la cadena de oro de su gracia hasta las simas más hondas de la miseria humana, y elevara al alma más envilecida por el pecado.
Todo ser humano es objeto del interés amoroso de Aquel que dio su vida para convertir a los hombres a Dios (El ministerio de curación, p. 119).
Cristo y el crucificado debiera llegar a ser el tema de nuestros pensamientos, debiera despertar las más profundas emociones de nuestra alma. Los verdaderos seguidores de Cristo apreciaran la gran salvación que el logro para ellos; y dondequiera que él los guie, ellos lo seguirán.
Consideraran un privilegio llevar cualquier carga que Cristo pueda colocar sobre ellos. Es solo por medio de la cruz como podemos estimar el valor del alma humana. Es tan grande el valor de los hombres por quienes Cristo murió que el Padre está satisfecho con el precio infinito que el paga por la salvación del hombre al entregar a su propio Hijo para morir por su redención. ¡Qué sabiduría, que misericordia y que amor en su plenitud se manifiestan aquí! El valor del hombre se comprende solo al ir al Calvario. En el misterio de la cruz de Cristo podemos estimar el valor del hombre (Exaltad a Jesús, p. 236).
Los ojos de Adán y Eva fueron realmente abiertos, pero ¿para qué?
Para ver su propia vergüenza y ruina, para comprender que el ropaje de luz celestial que los había protegido ya no los rodeaba como una salvaguardia. Sus ojos se abrieron para ver que su desnudez era el fruto de la transgresión. Cuando oyeron a Dios en el jardín se ocultaron de él, porque anticipaban aquello que antes de su caída no habían conocido: la condenación de Dios…
Dios ha declarado que el único medio de seguridad para el hombre es la completa obediencia a todas sus palabras. No debemos intentar el experimento de probar el mal camino, con todos sus resultados. Esto traerá debilidad mediante la desobediencia. El plan de Dios era dar al hombre claridad de visión en toda su obra (Conflicto y valor, p. 20).

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