Lunes 9 de marzo: Buscad al Señor
Nuestro Redentor declara: “He aquí, he puesto una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar” (Apocalipsis 3:8). A través de esta puerta abierta que da al templo de Dios, vemos la ley real, depositada en el arca del testamento. A través de esta puerta abierta la luz brilla desde esa ley, santa, justa y buena, presentando al hombre la verdadera norma de justicia, para que no cometa error en la formación de un carácter que cumplirá los requerimientos de Dios. Esa ley condena el pecado, y debemos desecharlo. El orgullo y el egoísmo no pueden encontrar lugar en el carácter sin expulsar a Aquel que fue manso y humilde de corazón…
La ley de Dios dada en el Sinai es una copia de la mente y la voluntad del Dios infinito. Los santos ángeles la reverencian como sagrada, Sus requisitos perfeccionarán el carácter cristiano y restaurarán al hombre, mendiante Cristo, a la condición en que se encontraba antes de la caída. Los pecados prohibidos por la ley, nunca podrán encontrar lugar en el cielo.
Fue el amor de Dios al hombre lo que lo indujo a expresar su voluntad en los diez preceptos del Decálogo… La ley envía a los hombres a Cristo, y Cristo les señala la ley (Nuestra elevada vocación, p. 140).
… Las leyes de Dios se fundan en una inmutable rectitud, y han sido conformadas para promover la felicidad de los que las obedecen…
En la lección de fe que Cristo enseñó en el monte se revelan los principios de la verdadera religión. La religión conduce al hombre a una relación personal con Dios, pero no exclusivamente con él; porque los principios del cielo han de vivirse de manera que puedan ayudar y bendecir a la humanidad. Un verdadero hijo de Dios lo amará con todo su corazón, y amará a su prójimo como a sí mismo. Se interesará en sus semejantes. La verdadera religión es el resultado de la obra de la gracia en el corazón, que hace que la vida fluya en forma de buenas obras, como lo hace una fuente alimentada de comentes vivas. La religión no consiste meramente de meditación y oración. La luz del cristiano se manifiesta en buenas obras, y así lo reconocen los demás. No habrá de divorciarse la religión de la vida de los negocios. Debe penetrar y santificar sus compromisos y empresas. Si un hombre está verdaderamente conectado con Dios y el cielo, el espíritu que mora en el cielo influirá en todas sus palabras y acciones. Glorificará a Dios en sus obras y conducirá a otros a honrarle (Dios nos cuida, p. 34).
Dios es omnipotente, omnisciente, inmutable. Siempre sigue un camino recto. Su ley es verdad inmutable, eterna. Sus preceptos están en consonancia con sus atributos. Pero Satanás los hace aparecer bajo una falsa luz. Al pervertirlos trata de dar a los seres humanos una impresión desfavorable del Dador de la ley. Mediante su rebelión ha tratado de hacer aparecer a Dios como un ser injusto y tiránico… Ha cegado los ojos de los hombres para que no puedan ver debajo de la superficie y discernir su verdadero propósito (En lugares celestiales, p. 146).
http://escuelasabatica.es/

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