Martes 10 de junio
JUAN Y LA LEY
Teniendo en cuenta la cantidad de libros con los que contribuyó al Nuevo Testamento, después de Pablo se encuentra Juan. Hablamos del Juan que escribió el Evangelio, tres epístolas y el libro del Apocalipsis. Como Pedro, estuvo entre los primeros discípulos que eligió Jesús, y también tuvo una relación especial con él. Por su cercanía a Jesús, a menudo se habla de él como “Juan el amado”. A juzgar por la conclusión de su Evangelio (Juan 21:25), Juan tenía mucha información personal sobre Jesús. Seguramente, uno que estuvo tan cerca de Jesús como Juan debió haber sabido si Jesús había puesto a un lado la Ley de Dios.
Lee Juan 15:1 al 11; y 1 Juan 2:3 al 6. ¿Qué indican estos versículos, tomados juntos, acerca de cómo debemos relacionarnos con los “mandatos” de Dios?
Hacia el fin de su vida terrenal, Jesús pudo testificar a sus discípulos que él había sido fiel a los mandamientos de su Padre y, como resultado, había permanecido en su amor (Juan 15:10).
Jesús no consideró los Mandamientos como obstáculos negativos para ser abandonados o descartados; más bien, los veía como criterios para una relación amante con él y con otras personas. Cuando Juan, el discípulo amado, recuerda a los cristianos su obligación hacia Dios, usa el mismo lenguaje de amor y unidad que Jesús usó en el Evangelio. De hecho, Juan entendió que el amor había sido siempre la esencia de la Ley (p. ej., 2 Juan 6). Una persona no puede afirmar que guarda la Ley si no tiene una relación amante con Dios y con otras personas.
“La Ley de Dios requiere que amemos a los demás hombres como nos amamos a nosotros mismos. Entonces, todo el poder y la acción de la mente deben aplicarse a ese propósito, para hacer la mayor suma de bien. […] ¡Cuán agradable es para el Dador que los hombres tengan los dones reales del alma, de modo que hablen con poder a otros! Son el eslabón conector entre Dios y el hombre, y revelan el Espíritu de Cristo y los atributos del Cielo. El poder de la santidad, que se muestra pero del que no se jacta, habla con más elocuencia que los mejores sermones. Habla de Dios, y abre la mente a su deber con más fuerza de lo que pueden hacerlo las palabras” (MR 20:138).
¿Cuál es tu propia experiencia con el vínculo entre la Ley y el amor? Es decir, en un nivel práctico y personal, ¿de qué modo se expresa el amor por la obediencia a la Ley de Dios?
http://escuelasabatica.es/

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