Martes 10 de marzo: Palabras a los ricos
Los cuidados, las riquezas, los placeres, todos son usados por Satanás en el juego de la vida para conquistar el alma humana. Se nos da la amonestación: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo”. Aquel que lee el corazón de los hombres como un libro abierto dice: “Mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida”. V el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, escribe: “Los que quieren enriquecerse, caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los hombres en perdición y muerte. Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: el cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 36).
Muchos que profesan creer en la palabra de Dios parecen no comprender el engañoso trabajo del enemigo. No se dan cuenta de que el fin del tiempo está cerca. Pero Satanás lo sabe y, mientras los hombres duermen, él trabaja. Los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria de la vida dominan a hombres y mujeres… Egoísmo, corrupción y maldad de toda clase han tomado firme arraigo sobre los corazones. Muchos desdeñan la preciosa Palabra de Dios. Una novela o un libro de cuentos ocupan la atención y fascinan la mente. Lo que estimula la imaginación es ansiosamente devorado, mientras la Palabra de Dios es rechazada (En lugares celestiales, p. 309).
Malgastar el tiempo y despreciar nuestra inteligencia resulta pecaminoso. Perdemos todo momento que dedicamos a nuestros intereses egoístas. Si supiéramos apreciar cada momento y dedicarlo a cosas buenas, tendríamos tiempo para hacer todo lo que necesitamos hacer para nosotros mismos o para los demás. Al desembolsar dinero, al hacer uso del tiempo, de las fuerzas y oportunidades, mire todo cristiano a Dios y pídale que le dirija. “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere, y le será dada” (Santiago 1:5) (El ministerio de curación, p 159).
… Muchos están determinados a ser ricos; esta es su preocupación, y en su celo no ven valores eternos. Son cegados por Satanás y se convencen a sí mismos que es para un buen propósito que desean esta ganancia; constriñen sus conciencias, se engañan ellos mismos, y constantemente codician las riquezas. Los tales se han apartado de la fe y se han traspasado con muchos dolores. Han sacrificado sus principios de elevada nobleza, han entregado su fe por riquezas. Y si no se frustran en su propósito, se desaniman en la felicidad que pensaron que las riquezas le traerían (Testimonios para la iglesia, t. 1, pp. 472, 473).
Cristo señala la forma como los que poseen riquezas y sin embargo no son ricos delante de Dios pueden obtener las riquezas verdaderas. El ha dicho: “Vended lo que poseéis y dad limosna” (S. Lucas 12:33), y haceos tesoros en el cielo. El remedio que él propone es una transferencia de sus afectos a la herencia eterna. Al invertir sus recursos en la causa de Dios para ayudar en la salvación de las almas y aliviar a los necesitados, se enriquecen en buenas obras y atesoran “para sí buen fundamento para lo por venir” para “que echen mano de la vida eterna” (1 Timoteo 6:19). Esto resultará una inversión segura (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 157).

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