Notas de Elena | Martes 10 de octubre 2017 | Según la costumbre de Moisés | Escuela Sabática

Martes 10 de octubre: Según la costumbre de Moisés
Los judíos se habían enorgullecido siempre de sus cultos divinamente señalados; y muchos de aquellos que se habían convertido a la fe de Cristo, sentían todavía que, puesto que Dios había bosquejado una vez claramente la forma hebrea del culto, era improbable que autorizara alguna vez un cambio en cualquiera de sus detalles. Insistían en que las leyes y ceremonias judías debían incorporarse en los ritos de la religión cristiana. Eran lentos en discernir que todas las ofrendas de los sacrificios no habían sino prefigurado la muerte del Hijo de Dios, en la cual el símbolo se había cumplido, y después de la cual los ritos y ceremonias de la dispensación mosaica no estaban más en vigor.
Antes de su conversión, Pablo se había considerado, “cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible”. Filipenses 3:6. Pero desde que cambiara de corazón, había adquirido un claro concepto de la misión del Salvador como Redentor de toda la especie, gentiles tanto como judíos, y había aprendido la diferencia entre una fe viva y un muerto formalismo. A la luz del evangelio, los antiguos ritos y ceremonias confiados a Israel habían adquirido un nuevo y más profundo significado. Las cosas prefiguradas por ellos se habían producido, y los que vivían bajo la dispensación evangélica habían sido relevados de su observancia. Sin embargo, Pablo todavía guardaba tanto en el espíritu como en la letra, la inalterable ley divina de los diez mandamientos (Los hechos de los apóstoles, p. 154).
El orden mantenido en la primitiva iglesia cristiana, la habilitó para seguir firmemente adelante como disciplinado ejército revestido de la armadura de Dios. Aunque las compañías o grupos de fieles estaban esparcidos en un dilatado territorio, eran todos miembros de un solo cuerpo y actuaban de concierto y en mutua armonía. Cuando se suscitaban disensiones en alguna iglesia local, como ocurrió después en Antioquía y otras partes, y los fíeles no lograban avenirse, no se consentía en que la cuestión dividiese a la iglesia, sino que se la sometía a un concilio general de todos los fieles, constituido por delegados de las diversas iglesias locales con los apóstoles y ancianos en funciones de gran responsabilidad. Así por la concertada acción de todos se desbarataban los esfuerzos que Satanás hacía para atacar a las iglesias aisladas, y quedaban deshechos los planes de quebranto y destrucción que forjaba el enemigo (Los hechos de los apóstoles, p. 78).
Jesús eligió como discípulos a hombres de caracteres diferentes, para que la obra se llevara a cabo con perfección. Existe una tendencia en los hombres a pensar que ellos son los únicos que pueden llevar a cabo el trabajo correctamente y convertirlo en un éxito, cuando en realidad son tristemente deficientes en cualidades esenciales que deben ser suplidas para que la obra tenga éxito… Todos debemos hacer lugar para que otros vengan a nuestro lado y trabajen en armonía con nosotros, a fin de que uno supla las deficiencias de otro y todos se unan en armonía perfecta (El ministerio de publicaciones, p. 114).

(148)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*