Martes 14 de octubre: Toda buena dádiva y todo don perfecto
En la Biblia se llama nacimiento al cambio de corazón por el cual somos hechos hijos de Dios. También se lo compara con la germinación de la buena semilla sembrada por el labrador. De igual modo los que están recién convertidos a Cristo, son como “niños recién nacidos”, “creciendo” (1 Pedro 2:2; Efesios 4:15) a la estatura de hombres en Cristo Jesús. Como la buena simiente en el campo, tienen que crecer y dar fruto. Isaías dice que serán “llamados árboles de justicia, plantados por Jehová mismo, para que él sea glorificado” (Isaías 61:3). Del mundo natural se sacan así ilustraciones para ayudamos a entender mejor las verdades misteriosas de la vida espiritual (El camino a Cristo, p. 66).
Por medio del Espíritu es como el corazón se vuelve puro. Por medio del Espíritu el creyente participa de la naturaleza divina. Cristo ha dado su Espíritu como una fuerza divina que nos capacitará para vencer todas las tendencias heredadas y cultivadas que nos arrastran hacia el mal y que grabará su propio carácter en su iglesia…
Cuando el Espíritu de Dios se posesiona del corazón, transforma la vida. Se desechan los pensamientos pecaminosos, se renuncia a las malas acciones; el amor, la humildad y la paz ocupan el lugar de la ira, la envidia y las rencillas. La tristeza es desplazada por la alegría y el semblante refleja el gozo del cielo. Nadie ve la mano que levanta la carga ni ve cómo desciende la luz de los atrios celestiales. La bendición llega cuando por fe el alma se entrega a Dios. Entonces ese poder que ningún ojo humano puede ver, crea un nuevo ser a la imagen de Dios.
El Espíritu Santo es el aliento de la vida espiritual en el alma. El don del Espíritu es el don de la vida de Cristo. Infunde en quien lo recibe los atributos del Maestro…
La religión que viene de Dios es la única que llevará a Dios. Para servirlo rectamente, debemos haber nacido del Espíritu divino. Este purificará el corazón y renovará la mente, dándonos una capacidad nueva para conocer y amar al Señor, Nos inspirará a obedecer voluntariamente todos sus requerimientos. Esto es verdadero culto. Tal es el fruto de la obra del Espíritu Santo. El Espíritu redacta cada oración sincera, para que sea aceptable a Dios. Cuandoquiera que un alma busca a Dios, se manifiesta la obra del Espíritu, y Dios se revela a esa alma. Esos son los adoradores que él busca. Aguarda para recibirlos y convertirlos en hijos suyos (Meditaciones matinales 1952, p. 47).
Debemos convertimos de nuestra vida deficiente a la fe del evangelio. Los seguidores de Cristo no necesitan preocuparse por brillar. Si contemplan constantemente la vida de Cristo, serán transformados a la misma imagen en su mente y corazón. Brillarán entonces sin intentarlo superficialmente. El Señor no pide una ostentación de bondad. En el don de su Hijo, hizo provisión para que nuestra vida interior esté imbuida de los principios del cielo. El apropiamos de esta provisión es lo que nos llevará a manifestar a Cristo al mundo. Cuando el pueblo de Dios experimente el nuevo nacimiento, su honradez, integridad, fidelidad, y sus principios firmes, lo revelarán infaliblemente.
¡Oh, qué palabras me fueron dirigidas! ¡Qué amabilidad fue recomendada por la gracia abundantemente concedida! La mayor manifestación que hombres y mujeres pueden hacer de la gracia y poder de Cristo, se revela cuando el hombre natural llega a participar de la naturaleza divina y, por el poder que imparte la gracia de Cristo, vence la corrupción que existe en el mundo por la concupiscencia (Consejos para los maestros, p. 238).
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