Martes 19 de agosto: La provisión de Cristo para la unidad
La cadena áurea del amor, que vincula los corazones de los creyentes en unidad, con lazos de compañerismo y amor, y en unión con Cristo y el Padre, establece la perfecta conexión y da al mundo un testimonio del poder del cristianismo que no puede ser controvertido…
Entonces será desarraigado el egoísmo y no existirá la infidelidad. No habrá contiendas ni divisiones. No habrá terquedad en nadie que esté unido con Cristo. Nadie procederá con la terca independencia del descarriado e impulsivo niño que deja caer la mano que lo conduce y elige tropezar solo…
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34, 35).
Satanás comprende el poder de tal testimonio ante el mundo, y cuánto puede hacer en transformar el carácter. No le agrada que una luz tal brille de aquellos que pretenden creer en Jesucristo, y pondrá en práctica cualquier medio concebible para romper esa cadena áurea que une corazón con corazón de los que creen la verdad y los une en íntima relación con el Padre y el Hijo… Creemos en Jesucristo. Unimos nuestra alma con Cristo. Él dice: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto… Esto os mando: Que os améis unos a otros” (Juan 15:16, 17) (A fin de conocerle, p. 175).
El amor de Cristo es una cadena de oro que une a los seres humanos finitos que creen en Jesucristo, con el Dios infinito. El amor que el Señor tiene por sus hijos, sobrepasa todo conocimiento. Ninguna ciencia puede definirlo o explicarlo. Ninguna sabiduría puede sondearlo.
El egoísmo y el orgullo entorpecen el amor puro que nos une en espíritu con Jesucristo. Si se cultiva verdaderamente este amor, lo finito se unirá con lo infinito, y todo se centrará en el Infinito. La humanidad se unirá con la humanidad, y toda se unirá con el corazón del Amor Infinito. El amor santificado de unos hacia otros es sagrado. En esta gran obra, el amor cristiano de unos hacia otros -más elevado, más constante, más cortés y más desinteresado de lo que se ha visto- preserva la ternura cristiana, la benevolencia, la cortesía, y reúne a la hermandad humana en el abrazo de Dios, reconociendo la dignidad con la cual Dios ha investido los derechos del hombre.
La cadena dorada del amor, que une los corazones de los creyentes en unidad, con vínculos de amistad y de amor, y en unidad con Cristo y el Padre, realiza la perfecta conexión y da al mundo un testimonio del poder del cristianismo que no puede ser controvertido…
El amor es una planta tierna, y debe ser cultivada y apreciada, y las raíces de la amargura deben ser arrancadas de su alrededor, a fin de que tenga lugar para expandirse, y entonces llevará bajo su influencia a todos los poderes de la mente, y del corazón, para que amemos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Nuestra elevada vocación, p. 175).
Los cristianos deben unirse, no para hallar faltas en los demás y criticarlos, sino para buscar la amistad y la dependencia de los unos con los otros, y para estar unidos por los lazos dorados de la cadena del amor. Al participar de la naturaleza divina se acercarán al trono de Dios.
Todos los que esperan encontrarse con el Señor Jesús, deben recibir los atributos de un carácter puro y santo como el que los seres humanos hubieran poseído si se hubiesen mantenido leales a Dios. Al tratar de entender de manera inteligente la palabra de verdad, llegaremos a comprender el carácter de Cristo (Manuscript Releases, tomo 5, p. 373).
escuelasabatica.es

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