Notas de Elena | Martes 19 de septiembre 2017 | Llevar las cargas | Escuela Sabática

Martes 19 de septiembre: Llevar las cargas

El Señor no ha calificado a ninguno de nosotros para que lleve solo la carga de la obra. Ha relacionado para que se reúnan hombres de criterios diferentes, a fin de que se aconsejen y se ayuden mutuamente. De esa manera la falta de experiencia y capacidad de uno es suplida por la experiencia y la capacidad del otro. Debiéramos estudiar cuidadosamente las instrucciones que se dan en Corintios y Efe- sios con respecto a nuestra relación mutua como miembros del cuerpo de Cristo…

Debes aprender a dejar de lado tu voluntad y tu manera de ver las cosas, y recibir luz de aquellos a quienes Dios ha hecho sus ayudantes y ha designado como tus colaboradores. Acude a Cristo para recibir alivio. Afórrate de él. Persevera lo suficiente como para someter tu voluntad a la de Dios. Muchos están demasiado apurados para orar. Con pasos apresurados avanzan a la sombra de la amante presencia de Cristo. Dara detenerse tal vez unos ñocos momentos en el sagrado recinto, pero sin esperar su consejo (Cada día con Dios, p. 152).

“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradamos a nosotros mismos” (Romanos 15:1). Debemos relacionamos correctamente los unos con los otros, aun cuando esto pueda demandar sacrificio. Cristo hizo un sacrificio infinito por nosotros. ¿No debiéramos nosotros estar dispuestos a sacrificamos por otros? Debemos evitar cuidadosamente herir o lastimar los corazones de los hijos de Dios, porque cuando lo hacemos herirnos y lastimamos el corazón de Cristo (Alza tus ojos, p. 29).

El apóstol añade una recomendación a los independientes que confían en sí mismos: “Porque el que estima de sí que es algo, no siendo nada, a sí mismo engaña… Porque cada cual llevará su carga” (Gálatas 6:3, 5). El que se considera superior a sus hermanos en juicio y experiencia, y desprecia su consejo y amonestación, demuestra que está peligrosamente seducido. El corazón es engañoso. Debe probar su carácter y su vida por la norma bíblica. La Palabra de Dios derrama una luz infalible sobre la senda de la vida humana. No obstante, las muchas influencias que surgen para desviar y distraer la mente, los que piden honradamente a Dios sabiduría serán guiados en el debido camino. Cada hombre deberá al final subsistir o caer por sí mismo, no según la opinión del partido que le sostiene o se le opone, ni según el juicio de hombre alguno, sino según sea su verdadero carácter a la vista de Dios. La iglesia puede amonestar, aconsejar y advertir, pero no puede obligar a nadie a seguir el camino recto. Todo aquel que persista en despreciar la Palabra de Dios, deberá llevar su propia carga, dar cuenta de sí a Dios, y sufrir las consecuencias de su propia conducta (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 228).

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