Notas de Elena | Martes 20 de marzo 2018 | Hábito. Uso sabio del tiempo | Escuela Sabática

Martes 20 de marzo: Hábito. Uso sabio del tiempo
Es deber de todo cristiano adquirir hábitos de orden, minuciosidad y prontitud. No hay excusa para hacer lenta y chapuceramente el trabajo, cualquiera sea su clase. Cuando uno está siempre en el trabajo, y el trabajo nunca está hecho, es porque no se ponen en él la mente y el corazón. La persona lenta y que trabaja con desventajas, debiera darse cuenta de que ésas son faltas que deben corregirse. Necesita ejercitar su mente haciendo planes referentes a cómo usar el tiempo para alcanzar los mejores resultados. Con tacto y método, algunos realizarán tanto trabajo en cinco horas como otros en diez… Por su manera de trabajar lenta y llena de dilaciones, [algunos] se dan mucho trabajo por cosas muy pequeñas. Pero todos los que deseen pueden vencer esos hábitos de morosidad y excesiva meticulosidad. Tengan los tales un propósito definido en su obra. Decidan cuánto tiempo se requiere para hacer una tarea determinada, y entonces dedíquese todo esfuerzo a terminar el trabajo en ese tiempo. El ejercicio de la voluntad hará más diestras las manos (Palabras de vida del gran Maestro, p. 279).
Cada año que pasa debería aumentar el anhelo del alma por la pureza y la perfección del carácter cristiano. Y si este conocimiento aumenta día a día, mes a mes, año a año, no será una obra que será consumida como heno, madera o rastrojo; sino que estará en la piedra fundamental, oro, plata y piedras preciosas —obras que no son perecederas, sino que soportarán los fuegos del día final.
¿Hacemos nuestra obra terrena, temporal, con una precisión, una fidelidad que soportará el escrutinio? ¿Testificarán contra nosotros en el día de Dios aquellos a quienes hemos hecho mal? Si es así, el registro ha pasado al cielo, y lo volveremos a encontrar. Debemos trabajar para el ojo del gran Capataz, ya sea que nuestros laboriosos esfuerzos sean vistos y apreciados por los hombres o no… El verdadero cristiano tendrá un ojo limpio para percibir la gloria de Dios en todas las cosas (Nuestra elevada vocación, p. 371).
[Pablo] rogó a aquellos que eran seguidores de Cristo y que vivían en comunidades paganas, que no anduviesen “como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios… por la dureza de su corazón,” sino “avisadamente; no como necios, mas como sabios; redimiendo el tiempo”. Efesios 4:14, 13, 17, 18; 5:15, 16. Animó a los creyentes a mirar hacia el tiempo cuando Cristo, que “amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella,” podría “presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante,” una iglesia “santa y sin mancha”. Efesios 5:25, 27.
Estos mensajes, escritos, no con poder humano, sino con el de Dios, contienen lecciones que deben ser estudiadas por todos, lecciones que será provechoso repetir frecuentemente. En ellas encontramos delineada la piedad práctica, se formulan principios que deben ser seguidos en cada iglesia y se define el camino que lleva a la vida eterna (Los hechos de los apóstoles pp. 374, 375).

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