Notas de Elena | Martes 20 de septiembre 2016 | La misión de la iglesia mientras esperamos | Escuela Sabática


Martes 20 de septiembre:
La misión de la iglesia mientras esperamos

Los tiempos en que vivimos requieren que dispongamos de colaboradores de alma íntegra. El carácter práctico de las doctrinas que profesamos impresionarán los corazones, porque los mensajeros celestiales colaboran con el obrero cuya fe y cuyas obras están bien complementadas. Quien tenga una relación vital con Jesucristo tendrá un testimonio que dar en favor del Maestro. “Vosotros sois mis amigos —dijo Cristo— si hacéis lo que yo os mando” (Juan 15:14). Todos los que verdaderamente sean amigos de Cristo harán sus obras. Estamos sumamente inclinados a manifestar los rasgos de carácter no santificados y carentes de conversión en el gobierno de nuestras familias y en la iglesia, y esos rasgos influyen para que nuestras palabras, nuestros modales y nuestro espíritu no solo sean una ofensa para el hogar, sino para la iglesia y el universo celestial. Dios lo califica de espíritu perverso. Si todos pudieran ver cómo considera Dios esa disposición egoísta y mezquina, se despreciarían a sí mismos y harían esfuerzos decididos para apartarse de todo acto desagradable. La idea de que los hombres pueden unirse con la familia de Dios sin modificar en esta vida todos esos desagradables rasgos de carácter, es el mayor de los engaños. El poder para vencer depende, no de las circunstancias, no de nadie que viva en la actualidad, por erudito que sea, sino del pronto auxilio que Dios proporciona. La verdad no es algo que se pueda mantener envasado para usarla solo en ocasiones especiales. Si la verdad mora en el corazón, quien la reciba manifestará esa fe que obra por el amor y purifica el alma. Los principios permanentes grabados en el corazón se manifestarán en todo tiempo y en toda oportunidad.
Todo nuestro éxito y nuestra eficiencia residen en Cristo. Continuamente debemos mirar más allá de toda ayuda terrenal, más allá del mayor poder humano, más allá de los apóstoles. Nuestra fe debe estar puesta directamente en Cristo mismo. Afirmó: “Separados de mí nada podéis hacer” (S. Juan 15:5). “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Juan 15:4) (Cada día con Dios, p. 289).
Vi que en la providencia de Dios han sido colocados en estrecha relación cristiana con su iglesia, viudas y huérfanos, ciegos, mudos, cojos y personas afligidas de varias maneras; es para probar a su pueblo y desarrollar su verdadero carácter. Los ángeles de Dios vigilan para ver cómo tratamos a estas personas que necesitan nuestra simpatía, amor y benevolencia desinteresada. Esta es la forma en que Dios prueba nuestro carácter. Si tenemos la verdadera religión de la Biblia, sentiremos que es un deber de amor, bondad e interés el que hemos de cumplir para Cristo en favor de sus hermanos; y no podemos hacer nada menos que mostrar nuestra gratitud por su incomparable amor manifestado hacia nosotros mientras éramos pecadores indignos de su gracia, revelando un profundo interés y un amor abnegado por aquellos que son nuestros hermanos, y que son menos afortunados que nosotros… La verdadera simpatía entre el hombre y su prójimo ha de ser la señal que distinga a los que aman y temen a Dios de los que no tienen en cuenta su ley. ¡Cuán grande es la simpatía que Cristo expresó al venir a este mundo para dar su vida como sacrificio por un mundo agonizante! (El ministerio de la bondad, pp. 39, 40).

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