Martes 21 de abril: Comisión de los apóstoles
El Señor está esperando para manifestar por medio de su pueblo su gracia y su poder. Pero requiere de los que se han alistado a su servicio que mantengan la mente siempre dirigida hacia él. Cada día debieran disponer de tiempo para leer la Palabra de Dios y para orar…
Debemos caminar y hablar con Dios individualmente; entonces la sagrada influencia del evangelio de Cristo en todo lo que tiene de precioso aparecerá en nuestras vidas.
Hay en la vida tranquila y consecuente de un cristiano puro y verdadero una elocuencia mucho más poderosa que la de las palabras. Lo que un hombre es tiene más influencia que lo que dice…
Nuestro carácter y experiencia determinan nuestra influencia en los demás. Para convencer a otros del poder de la gracia de Cristo, tenemos que conocer ese poder en nuestro corazón y nuestra vida. El evangelio que presentamos para la salvación de las almas debe ser el evangelio que salva nuestra propia alma. Solo mediante una fe viva en Cristo como Salvador personal nos resulta posible hacer sentir nuestra influencia en un mundo escéptico. Si queremos sacar pecadores de la corriente impetuosa, nuestros pies deben estar afirmados en la Roca: Cristo Jesús.
El símbolo del cristianismo no es una señal exterior, ni tampoco una cruz o una corona que se lleven puestas, sino que es aquello que revela la unión del hombre con Dios. Por el poder de la gracia divina manifestada en la transformación del carácter, el mundo ha de convencerse de que Dios envió a su Hijo para que fuese su Redentor (La maravillosa gracia de Dios, p. 276).
El Señor está llamando a su pueblo a emprender diferentes líneas de obra misionera. Quienes transitan por caminos y vallados han de escuchar el salvador mensaje evangélico. Los miembros de iglesia han de hacer obra evangelizadora en los hogares de quienes, entre sus amigos y vecinos, todavía no han recibido la evidencia completa de la verdad…
Que quienes se dediquen a esta obra hagan de la vida de Cristo su estudio constante. Sean intensamente fervientes, usando toda capacidad en el servicio del Señor. Preciosos resultados premiarán los esfuerzos sinceros y abnegados. Los obreros recibirán del gran Maestro la más alta educación de todas (Reflejemos a Jesús, p. 194).
El Señor espera que sus siervos superen a los demás en vida y carácter. Ha puesto toda clase de facilidades a disposición de los que le sirven. El cristiano es observado por todo el universo como quien lucha por el dominio corriendo la carrera que le es propuesta para obtener el premio, a saber, una corona inmortal; pero si el que pretende seguir a Cristo no pone de manifiesto que sus motivos están por sobre los del remido en esta gran competencia en la cual se puede ganar todo y también se puede perder todo, nunca será vencedor. Empleará toda facultad ase se le haya confiado para vencer al mundo, la carne y el diablo por medio del poder del Espíritu Santo, en virtud de la abundante gracia provista para que no falle ni se desanime, sino que sea completo en Craso, acepto en el Amado (La maravillosa gracia de Dios, p. 271).

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