Notas de Elena | Martes 23 de agosto 2016 | Las necesidades más profundas | Escuela Sabática


Martes 23 de agosto: Las necesidades más profundas
En todo lugar, a cada hora del día, hay un Vigilante santo que coteja cada cuenta, cuyo ojo capta toda la situación, sea ésta de fidelidad o de deslealtad y engaño.
Nunca estamos solos. Tenemos un Compañero, lo elijamos o no. Recordad… que dondequiera que estéis, cualquier cosa que hagáis, Dios está allí. Tenéis un testigo para cada palabra y acción: Dios santo, que odia el pecado. Nada que se diga, haga o piense puede escapar de su ojo infinito. Vuestras palabras puede ser que no sean oídas por oídos humanos, pero son oídas por el Gobernante del universo. El lee la ira interior del alma cuando la voluntad se indispone. Oye las expresiones profanas. En el lugar más oscuro y solitario, él está allí. Nadie puede engañar a Dios; nadie puede escapar de rendirle cuentas…
Todo el cielo se interesa en nuestra salvación. Los ángeles de Dios están… anotando las obras de los hombres. En el libro de memoria de Dios se registran las palabras de fe, los actos de amor y la humildad de espíritu (A fin de conocerle, p. 236).
Y Jesús, al mirarlo, tuvo compasión de él, y dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (Marcos 2:5). Bien, ¡qué gozo significaba eso! Jesús sabía exactamente qué necesitaba esa alma agobiada por el pecado. Sabía que el hombre había sido torturado por su propia conciencia, así que le dijo: “Tus pecados te son perdonados*’. ¡Qué alivio para la mente del paralítico! ¡Qué esperanza llenó su corazón!
Entonces las sospechas se suscitaron en los corazones de los fariseos: “¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?”
Jesús les dijo entonces: “Para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti le digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa” (Lucas 5:24). ¿Qué? ¿Tomar el lecho con sus brazos lisiados? ¿Qué? ¿Ponerse en pie, con sus piernas paralíticas? ¿Qué hizo? Pues, hizo exactamente lo que se le ordenó. Hizo lo que el Señor le dijo que hiciera. La fuerza de la voluntad fue dirigida a mover sus piernas y brazos tullidos, y éstos respondieron, aun cuando no habían respondido por largo tiempo. Esta manifestación demostró delante de la gente que allí había Uno, en medio de ellos, que no solo podía perdonar pecados sino también sanar a los enfermos (Fe y obras, p. 67).
Notas de Elena G. de White para la Escuela Sabática | Lección 9 | Jesús las ministraba en sus necesidades | El papel de la iglesia en la comunidad | Tercer trimestre 2016

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