Notas de Elena | Martes 24 de enero 2017 | Aspectos personales del Espíritu Santo – II | Escuela Sabática


Martes 24 de enero:
Aspectos personales del Espíritu Santo – II
Las promesas son: “Les daré un corazón nuevo”; “un espíritu nuevo pondré dentro de ellos”. Esta provisión para nosotros se hace por los méritos de la justicia de Cristo: “Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de justicia, reposo y seguridad para siempre”. Isaías 32:17. Los que hayan experimentado la transformación mencionada en estas palabras hallarán que sus inquietudes y preocupaciones desaparecen y encontrarán reposo para sus almas en Cristo. Los méritos y la justicia de Cristo son imputados al alma creyente y éste obtiene paz y gozo interior por el Espíritu Santo. El Señor quiere que todos sus hijos e hijas sean felices, llenos de paz y obedientes… (La fe por la cual vivo, p. 123). El creer produce paz, y la confianza en Dios produce gozo. “¡Crea, crea —dice mi alma— crea!” Descanse en Dios. Él es poderoso para guardar lo que usted le ha confiado. La hará más que vencedora por medio de aquel que la amó (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 286).
Hay obreros cristianos que no recibieron educación en ningún colegio, porque les era imposible conseguirla; pero Dios ha dado evidencia de que los ha escogido y ordenado, para que vayan y trabajen en su viña. Los ha hecho eficaces colaboradores suyos. Tienen un espíritu susceptible de ser enseñado; sienten que dependen de Dios; y el Espíritu Santo está con ellos para ayudarles en sus flaquezas. Vivifica y vigoriza la mente, dirige los pensamientos y ayuda eficazmente en la presentación de la verdad. Cuando el obrero se halla delante de la gente para impartir las palabras de vida, se oye en su voz el eco de la voz de Cristo. Es evidente que anda con Dios, que ha estado con Jesús y ha aprendido de él. Ha introducido la verdad en el santuario íntimo del alma; es para él una realidad viviente; y presenta la verdad con demostración del Espíritu y poder. La gente oye el grato sonido; Dios habla a su corazón por el hombre consagrado a su servicio. Cuando el obrero ensalza a Jesús por el Espíritu, se vuelve realmente elocuente. Es fervoroso y sincero, y muy amado de aquellos por quienes trabaja (Consejos para los maestros, p. 495).
Pablo comprendía que su suficiencia no estaba en él, sino en la presencia del Espíritu Santo, cuya misericordiosa influencia llenaba su corazón y ponía todo pensamiento en sujeción a Cristo. Hablando de sí mismo, afirmaba que llevaba “siempre por todas partes la muerte de Jesús en el cuerpo, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestros cuerpos”. 2 Corintios 4:10. En las enseñanzas del apóstol, Cristo era la figura central. “Vivo —declaraba—, no ya yo, mas vive Cristo en mí”. Gálatas 2:20. El yo estaba escondido; Cristo era revelado y ensalzado (Exaltad a Jesús, p. 240).

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