Martes 28 de octubre: Amar al prójimo

Los sacerdotes y gobernantes se interponían entre la gente y Cristo y buscaban separarlos del gran Maestro. Así también ocurre en nuestros días. ¡Cuán grande será la responsabilidad de aquellos que impiden a las almas entrar en el reino de los cielos! En su Sermón del Monte, Cristo derribó las barreras de separación que se habían levantado por prejuicios nacionalistas y enseñó que el ejercicio del amor debe envolver a toda la raza humana. Dijo a la gente: “Amad a vuestros enemigos”…
Cristo enseña que debemos reconocer a nuestro prójimo en cualquier raza o condición. No se debe hacer distinción entre rico o pobre, sino considerar como prójimo a cualquiera que necesita nuestra ayuda. Cristo no estableció su reino solamente para los ricos, y la única condición esencial para entrar en su reino es tener un carácter a su semejanza. El que había dado sus divinos preceptos desde la columna de nube había mostrado que no eran arbitrarios sino que aquellos que los siguieran vivirían por ellos… Al obedecer la “ley de libertad”, y aceptar sus divinos preceptos, el carácter humano asimilará el carácter divino, porque el carácter de Dios está expresado en su santa ley. Cuando alguien la sustituye con sus propias ideas y erige sus propias reglas, se mantendrá con sus propias deficiencias, practicará sus propios hábitos, y estará muy por debajo del carácter de Cristo. Solo por la gracia de Cristo podemos esforzamos por alcanzar el ideal.
Vivimos en un mundo imperfecto y en todas partes se muestran falsos cristos —falsos cristianos que lo son solo de nombre— que muestran atributos que se asemejan a los súbditos del enemigo en lugar de asemejarse a los súbditos del Príncipe Emanuel. En cambio, los que están bajo el control de Cristo llevarán su imagen y semejanza. La razón por la que Cristo expuso los preceptos de la ley en el Sermón del Monte fue porque sabía que algunos que se habían separado de ella, retomarían a su alianza con Dios, y llegarían a ser representantes del Padre y del Hijo (Signs of the Times, 17 de octubre de 1895).
El mismo Jesús que estableció el amor como el principio gobernante de la vida en la antigua dispensación, también mandó en el Nuevo Testamento que el amor sea el principio gobernante de sus seguidores. La verdadera santificación es consecuencia del desarrollo del principio del amor. Los que caminan en la luz serán hijos de luz, y difundirán luz a su alrededor en la forma de afecto, bondad e incomparable amor. “Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16). A menos que el amor llene continuamente el alma, no se podrán compartir los rayos del Sol de Justicia; pero el que ha abierto la puerta de su corazón a Jesús revelará la luz de la vida en una piedad práctica. Una doctrina pura acompañará a las obras de justicia y los preceptos celestiales a las prácticas santas. El corazón que está lleno de la gracia de Cristo difundirá paz y gozo. El carácter será purificado, ennoblecido, elevado y glorificado (The Youth’s Instructor, 8 de noviembre de 1894).
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