Notas de Elena | Martes 31 de julio del 2018 | La visita de Ananías | Escuela Sabática

Martes 31 de julio: La visita de Ananías
Apenas podía creer Ananías las palabras del ángel; porque los informes de la acerba persecución de Saulo contra los santos de Jerusalén se habían esparcido extensamente. Se aventuró a protestar: Señor, he oído a muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén: y aun aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes de prender a todos los que invocan tu nombre. Pero la orden fue imperativa: “Ve; porque instrumento escogido me es éste, para que lleve mi nombre en presencia de los Gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel.
Obediente a la indicación del ángel, Ananías buscó al hombre que hacia solo poco respiraba amenazas contra todos los que creían en el nombre de Jesús; y poniendo sus manos sobre la cabeza del dolorido penitente, dijo: “Saulo hermano, el Señor Jesús, que te apareció en el camino por donde venias, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.
Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al punto la vista: y levantándose, fue bautizado” (Los hechos de los apóstoles, p. 99)
El Señor siempre asigna una tarea a cada ser humano. Esta es la cooperación divino-humana. Aquí conocemos al hombre que obedece la luz que se le ha dado. Si Saúl hubiera dicho: “Señor, no me siento inclinado en lo más mínimo a seguir tus indicaciones para obrar mi propia salvación”, todo habría sido inútil, aunque Dios le hubiera dado diez veces más luz.
La obra del hombre es colaborar con Dios. Y el conflicto más duro y más severo se produce cuando llega la hora de la gran resolución del ser humano de someter su voluntad y sus caminos a la voluntad y los caminos de Dios, y confiar en las influencias de la gracia que lo han acompañado durante toda su vida. El hombre debe llevar a cabo esta obra de sometimiento, “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” [Filipenses 2:13]. El carácter determinará la naturaleza de la resolución y la acción. La acción no estará de acuerdo con los sentimientos y la inclinación, sino con el conocimiento de la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos. Sigan y obedezcan la dirección del espíritu Santo (Mente, carácter y personalidad, t. 2, p. 787).
A los que procuraban negar su apostolado, Pablo les presentó así pruebas de que “en nada he sido inferior a aquellos grandes apóstoles” [2 Corintios 11:5], no para exaltarse a sí mismo, sino para magnificar la gracia de Dios. Los que procuraban empequeñecer su vocación y su obra, estaban luchando contra Cristo, cuya gracia y poder se manifestaban por medio de Pablo. El apóstol se vio forzado, por la oposición de sus enemigos, a defender decididamente su posición y autoridad (Los hechos de los apóstoles, p. 310).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
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