Martes 5 de agosto: Permanecer en Cristo
No es el contacto casual con Cristo lo que se necesita, sino el permanecer en él. Él os llamó a morar con él. No os propone una felicidad pasajera que se experimente ocasionalmente mediante la búsqueda ferviente del Señor, y que se desvanece al abocaros a vuestras ocupaciones seculares. Vuestra permanencia en Cristo aliviana toda tarea necesaria, porque él lleva el peso de todas las cargas. Él hizo provisión para que permanezcáis en él. Esto significa que debéis estar conscientes de que permanecéis en Cristo, de que estáis continuamente con Cristo, donde vuestra mente se anima y fortalece porque la habéis puesto sobre Cristo.
¿Hemos comprendido plenamente la bondadosa invitación: “Venid a mí”? Él dice: “Permaneced en mí”, no “Permaneced conmigo”. “Entended mi llamamiento. Venid a mí “para quedar conmigo”. Concederá gratuitamente todas las bendiciones implícitas en él a todos los que acudan a él en busca de vida.
Él tiene para vosotros algo mejor que la bendición de corta duración que experimentáis mientras buscáis al Señor en oración ferviente. Recibís el privilegio de su presencia permanente en lugar del privilegio de corta duración que se desvanece cuando volvéis a las tareas de la vida […].
El Señor Jesús permanecerá con vosotros y vosotros con el en todo lugar (En lugares celestiales, p. 55).
Las fibras del pámpano son casi idénticas a las de la vid. La comunicación de vida, fuerza y producción de fruto del tronco a los pámpanos es constante, sin obstáculos. La raíz envía su alimento a través de las ramas. Tal es la relación del verdadero creyente con Cristo. Permanece en Cristo, y obtiene de él su nutrición.
Esta relación espiritual puede establecerse únicamente por el ejercicio de la fe personal. Esta fe debe expresar suprema preferencia de nuestra parte, perfecta confianza, entera consagración.
Nuestra voluntad estará completamente sometida a la voluntad divina, nuestros sentimientos, deseos, intereses y honra se identificarán con la prosperidad del reino de Cristo y la honra de su causa, recibiendo constantemente nosotros gracia de él, y aceptando Cristo nuestra gratitud (Testimonios selectos, t. 4, p. 43, 44).
¿Qué es llevar fruto? […]. Debemos hallar día tras día que permanecemos en la Vid, y dando fruto con paciencia en nuestro hogar, en nuestras ocupaciones, y manifestando en la vida el Espíritu de Cristo en cada trato con otros […]. La rama debe ser injertada en la Vid y permanecer allí uniéndose con la Vid fibra tras fibra, extrayendo su porción diaria de savia y alimento de la raíz y fertilidad de la Vid hasta que llega a ser uno con el tronco materno. La savia que alimenta la Vid debe nutrir la rama, y esto debe ser evidente en la vida de aquel que permanece en Cristo, pues el gozo de Cristo será cumplido en aquel que no camina según la carne sino según el Espíritu.
Lo que pretendamos ser no tiene valor a menos que permanezcamos en Cristo, pues no podemos ser ramas vivientes a menos que las cualidades vitales de la Vid abunden en nosotros (Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1118).
http://escuelasabatica.es/

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