Notas de Elena | Martes 5 de junio 2018 | Una cuestión de adoración | Escuela Sabática

Martes 5 de junio: Una cuestión de adoración
Jesús dijo: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir a Dios y a Mamón”. Mateo 6:24. Si somos verdaderos siervos de Dios, no habrá en nuestra mente duda alguna al respecto de si obedecemos sus mandamientos o haremos que prevalezcan nuestros propios intereses temporales. Si los que creen en la verdad no son sostenidos por su fe en estos días comparativamente apacibles, ¿qué los sostendrá cuando venga la gran prueba y sea promulgado el decreto contra aquellos que no quieran adorar la imagen de la bestia ni recibir su marca en la frente o en la mano? Ese tiempo solemne no está lejos. En vez de volverse débiles e irresolutos, los hijos de Dios deben cobrar fuerzas y valor para el tiempo de la tribulación (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 248).
Satanás ha sido perseverante e incansable en sus esfuerzos por proseguir la obra que comenzó en el cielo, para cambiar la ley de Dios. Ha tenido éxito en hacer creer al mundo la teoría que presentó en el Cielo antes de su caída, según la cual la ley de Dios era defectuosa y necesitaba una revisión. Una gran parte de la profesa iglesia cristiana muestra por su actitud, aunque no por sus palabras, que ha aceptado el mismo error. Pero si la ley de Dios ha sido cambiada en algún detalle, Satanás ha logrado en la tierra lo que no pudo realizar en el cielo. Ha preparado su trampa engañosa con la esperanza de tomar cautiva a la iglesia y al mundo. Pero no todos caerán en la trampa. Se está estableciendo una separación definida entre los hijos de obediencia y los hijos de desobediencia, entre los leales y fieles, y los desleales e infieles. Se han formado dos partidos, los adoradores de la bestia y de su imagen y los adoradores del Dios verdadero y viviente (Mensajes Selectos, t. 2, p. 123).
Que los hombres adoren y sirvan al Señor nuestro Dios, y a él solamente. No elevemos el orgullo para servirlo como a un dios. No hagamos del dinero un dios. Si no se mantiene la sensualidad bajo el dominio de las facultades superiores de la mente, las bajas pasiones dominarán el ser. Todo lo que sea objeto de pensamientos y admiración indebidos, que absorba la mente, es un dios puesto por encima del Señor (Hijos e hijas de Dios, p. 58).
Todos están decidiendo hoy su destino eterno. Es necesario despertar a la humanidad para que comprenda la solemnidad del momento, la proximidad del día cuando terminará el tiempo de gracia para los seres humanos. Deben hacerse esfuerzos definidos para presentar a la gente en forma impactante el mensaje para este tiempo. El tercer ángel ha de avanzar con gran poder. Que nadie ignore esta obra, ni la trate como si tuviera poca importancia (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 25).

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