Notas de Elena | Martes 6 de marzo 2018 | Creencias doctrinales cristocéntricas | Escuela Sabática

Martes 6 de marzo: Creencias doctrinales cristocéntricas
Los hijos de Dios sabrán quién es su Ayudador. Sabrán en quién pueden confiar sin duda alguna, y con la ayuda de Cristo pueden tener, sin ninguna presunción, una santa confianza. Sí, sus siervos pueden confiar solo en él, sin temor, mirando a Jesús, esforzándose por obedecer sus requerimientos, abandonando todo lo que podría unirlos al mundo, ya sea que éste se oponga a ellos o los favorezca. Su éxito procede de Dios, y no fracasarán porque no disponen ni de la riqueza ni de la influencia de los impíos…
Nuestra única seguridad consiste en mantenemos unidos al Señor Jesucristo. Podemos permitimos perder la amistad de los mundanos…
El pueblo de Dios debe servirlo, porque Cristo lo ha llamado a salir del mundo, lo ha santificado y lo ha refinado para que pueda servirlo (Cada día con Dios, p. 352).
Los que aceptan la verdad por amor a ella, morirán al mundo y serán mansos y humildes de corazón como lo fue nuestro divino Salvador.
Cuando haya en el corazón la debida disposición, la forma de vestir y de hablar, así como el estilo de vida, e pondrán en armonía con la Palabra de Dios. Que él nos ayude a arraigar nuestros pies firmemente sobre el terreno de la verdad eterna.
La influencia transformadora de la verdad santifica el alma… El amor de Dios fluye en el alma y la gratitud emana del corazón que anteriormente era duro como el pedernal. Cristo crucificado, Cristo nuestra justicia, conquista el corazón y lo lleva al arrepentimiento. Esto es tan sencillo que incluso un niño lo puede entender. Los sabios y los eruditos se sienten fascinados al contemplar la profundad de esta sabiduría, de este amor y de este poder insondables. (Mi vida hoy, p. 269).
El ser humano puede llegar a vivir la ley únicamente mediante la fe en Cristo. El hombre es incapaz de salvarse a sí mismo, pero el Hijo de Dios pelea sus batallas en favor de él, y lo coloca en un terreno ventajoso al concederle sus atributos divinos. Y cuando el ser humano acepta la justicia de Cristo, es hecho participante de la naturaleza divina. Entonces puede guardar los mandamientos de Dios y vivir.
Pedro dice: “…Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”. 2 Pedro 1:4.
La verdad, como está en Jesús, significa obediencia a cada precepto de Jehová. Es una obra del corazón. La santificación bíblica no es aquella santificación espuria que ni siquiera investiga las Escrituras, sino que coloca su confianza en los buenos sentimientos e impulsos en lugar de buscar la verdad como un tesoro escondido. La santificación de la Biblia inducirá a sus poseedores a conocer los requerimientos de Dios y a obedecerlos. Hay un cielo puro y santo reservado para los que guardan los mandamientos de Dios (Exaltad a Jesús, p. 146).
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Notas de Elena G. de White
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