Notas de Elena | Martes 6 de septiembre 2016 | El puente | Escuela Sabática


Martes 6 de septiembre:
El puente

Cristo impartirá a sus mensajeros el mismo anhelante amor que tiene él para buscar a los perdidos. No hemos de decir meramente: “Ven”. Hay quienes oyen el llamado, pero tienen oídos demasiado embotados para comprender su significado. Sus ojos están demasiado cegados para ver cualquier cosa buena provista para ellos. Muchos comprenden su gran degradación. Dicen: no soy digno de ser ayudado, dejadme solo. Pero los obreros no deben desistir. Sostened con ternura y piadoso amor a los desalentados e impotentes. Infundidles vuestro valor, vuestra esperanza, vuestra fuerza. Compeledlos por la bondad a venir. “A los unos en piedad, discerniendo; mas haced salvos a los otros por temor, arrebatándolos del fuego”. Si los siervos de Dios quieren caminar con él por la fe, él impartirá poder al mensaje que den. Serán así capacitados para presentar su amor y el peligro de rechazar la gracia de Dios, para que los hombres sean constreñidos a aceptar el evangelio. Cristo realizará maravillosos milagros si tan solo los hombres quisieran hacer la parte que Dios les ha encomendado. En los corazones humanos puede obrarse hoy una transformación tan grande como la que se operó en las generaciones pasadas (Palabras de vida del gran Maestro, p. 187).

Jesucristo ha tomado la posición de uno que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, y ha exaltado al mundo puesto que murió para redimirlo y traer de vuelta a la oveja perdida al redil. Jesús le dio su preciosa vida y su atención personal al más pequeñito de los hijos de Dios; y hay ángeles poderosos en fortaleza que acampan en derredor de los que temen a Dios. Entonces, mantengámonos en guardia y nunca nos permitamos un solo pensamiento de desprecio acerca de uno de los pequeñitos de Dios. Deberíamos ocupamos con solicitud de los que yerran, y hablar palabras animadoras a los caídos y cuidar que ninguna acción imprudente de nuestra parte los aleje del Salvador compasivo. Los que aman a Jesús también amarán a aquellos por quienes Cristo murió. Si muchos de los pecadores que nos rodean hubieran recibido la luz que nos ha bendecido a nosotros, podrían haberse regocijado en la verdad y haberse adelantado a los que han tenido una larga experiencia y grandes ventajas. Hagan de estas ovejas perdidas su preocupación especial y cuiden a las almas como quienes han de dar cuenta. No dediquen ni siquiera una mirada para ustedes mismos, sino exclamen con profundo y cordial interés: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Este es el mensaje cristiano para el mundo. Este es el argumento efectivo. Que su corazón se sienta animado a realizar esfuerzos fervientes con el propósito de inducir a las almas que perecen a fijar su vista sobre Aquel que fue levantado en la cruz; y recuerden que al hacerlo, ángeles invisibles están ocupados en impresionar el corazón y guiar al alma a creer en Jesús. El pecador es capacitado así para ver a Jesús tal como es: lleno de compasión, misericordia y amor, y terminará por exclamar: “Tu benignidad me ha engrandecido” (Salmo 18:35) (Exaltad a Jesús, p. 203).

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