Martes 7 de abril: “No solo de pan”
Después que el Salvador ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches, “tuvo hambre”. Entonces fue cuando Satanás se le apareció. Vino aparentando ser un hermoso ángel del cielo, declarando que Dios lo había comisionado para poner fin al ayuno del Salvador. “Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (S. Mateo 4:3). Pero en la insinuación de desconfianza de Satanás, Cristo reconoció al enemigo cuyo poder había venido a resistir en la tierra. No aceptaría el desafío, ni sería conmovido por la tentación. Se mantuvo fírme en lo afirmativo. “No solo de pan vivirá el hombre”, dijo, “sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (vers. 4).
Cristo se sostuvo por toda palabra de Dios, y prevaleció. Si nosotros asumiéramos la misma actitud cuando somos tentados, negándonos a acariciar la tentación o a discutir con el enemigo, la misma experiencia sería nuestra. Cuando nos detenemos a razonar con el diablo es cuando somos vencidos. Es tiempo de que individualmente tomemos conciencia de que estamos en plena contienda, optemos por la afirmativa a los ojos del Señor, y allí permanezcamos. Así obtendremos el poder divino prometido (Alza tus ojos, p. 253).
Es peligroso abrigar la duda en el corazón aunque sea por un momento. Las semillas de la duda que Faraón sembró cuando rechazó el primer milagro, se dejaron crecer y produjeron una cosecha tan abundante que todos los milagros subsiguientes fueron incapaces de persuadirlo de que su posición era equivocada. Siguió aventurándose en su propio camino, pasando de un grado de indagación hasta otro, y su corazón se endureció cada vez más, hasta que se vio obligado a contemplar los rostros fríos e inertes de los primogénitos (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 255).
Tenemos gran necesidad de más fe. Estoy alarmada cuando veo la falta de fe entre los nuestros. Necesitamos ir directamente a la presencia de Cristo, creyendo que curará nuestras dolencias físicas y espirituales.
Somos demasiado faltos de fe. ¡Oh, cómo desearía que pudiera inducir a nuestros hermanos a tener fe en Dios! No deben creer que a fin de ejercer fe deben ser acicateados hasta llegar a un alto grado de excitación. Todo lo que tienen que hacer es creer en la Palabra de Dios, así como creen en lo que dicen uno al otro. Él lo ha dicho, y cumplirá su Palabra. Dependa Ud. tranquilamente de las promesas de Dios, porque él quiere decir precisamente lo que dice. Diga: Él me ha hablado en su Palabra, y cumplirá cada promesa que ha hecho. No os volváis impacientes. Confiad. La Palabra de Dios es fiel. Proceded como si pudierais confiar en vuestro Padre celestial (Mensajes selectos, t. 1, pp. 96, 97).

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