Martes 7 de octubre: Pedir con fe

Hombres, mujeres y jóvenes, Dios requiere de vosotros que poseáis valor moral, firmeza de propósito, fortaleza y perseverancia, mentes que no admitan los asertos ajenos, sino que investiguen por su cuenta antes de aceptarlos o rechazarlos, y escuchen y pesen las evidencias, y las lleven al Señor en oración. “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada” (Santiago 1:5). Ahora bien, se impone la condición: “Pero pida en fe, no dudando nada: porque el que duda es semejante a la onda de la mar, que es movida del viento, y echada de una parte a otra. No piense pues el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor” (versículos 6, 7). Esta petición de sabiduría no debe ser una oración sin sentido, que se olvide tan pronto como se haya terminado. Es una oración que expresa el enérgico y ferviente deseo inspirado al corazón por un consciente anhelo de poseer sabiduría para discernir la voluntad de Dios.
Después de hecha la oración, si no obtenemos inmediatamente la respuesta, no nos cansemos de esperar, ni nos volvamos inestables. No vacilemos. Aferrémonos a la promesa: “Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5:24). Como la viuda importuna, presentemos nuestros casos con firmeza de propósito. ¿Es importante el objeto y de gran consecuencia para nosotros? Por cierto que sí. Entonces, no vacilemos; porque tal vez se pruebe nuestra fe. Si lo que deseamos es valioso, merece un esfuerzo enérgico y fervoroso. Tenemos la promesa; velemos y oremos. Seamos firmes, y la oración será contestada; porque, ¿no es Dios quien ha formulado la promesa? Cuanto más nos cueste obtener algo, tanto más lo apreciaremos cuando lo obtengamos. Se nos dice claramente que si vacilamos, ni podemos pensar que recibiremos algo del Señor. Se nos recomienda aquí que no nos cansemos, sino que confiemos firmemente en la promesa. Si pedimos, él nos dará liberalmente, sin zaherir.
En esto es donde muchos yerran. Vacilan en su propósito y les falta la fe. Esta es la razón por la cual no reciben nada del Señor, fuente de nuestra fortaleza. Nadie necesita andar en tinieblas, tropezando como ciego, porque el Señor ha provisto luz si queremos aceptarla como él lo indica, y no elegir nuestro propio camino. El exige de todos un cumplimiento diligente de los deberes de cada día… Pero estos deberes pueden cumplirse únicamente pidiendo a Dios la capacidad de hacer fielmente lo recto ante el cielo, gobernados por motivos abnegados, como si todos viesen el ojo de Dios que nos contempla e investiga nuestras acciones (Joyas de los testimonios, tomo 1, pp. 202-204).
Dios… anhela que extendáis hacia él la mano de la fe. Anhela que esperéis grandes cosas de él. Anhela daros inteligencia así en las cosas materiales como en las espirituales. Él puede aguzar el intelecto. Puede impartir tacto y habilidad. Emplead vuestros talentos en el trabajo; pedid a Dios sabiduría, y os será dada.
A todo el que constantemente entrega su voluntad a la voluntad del Infinito, para ser guiado y enseñado por Dios, se le promete un desarrollo progresivo en las cosas espirituales. Dios no impone límites al progreso de los que están “llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia”.
Los que convierten a Dios en su poder eficaz, comprenden su propia debilidad, y el Señor les proporciona sabiduría. Como se apoyan en Dios día tras día, y cumplen su voluntad con sincera y rígida integridad, aumenta su conocimiento y capacidad. Mediante su disposición a obedecer reverencian y honran a Dios, y son honrados por él.
El caso de Daniel nos revela el hecho de que el Señor está siempre dispuesto a escuchar las oraciones del alma contrita; cuando busquemos al Señor con todo nuestro corazón, él contestará nuestras peticiones. Aquí se revela dónde obtuvo Daniel su habilidad y entendimiento; si estuviéramos dispuestos a pedir sabiduría al Señor, seríamos favorecidos con mayor capacidad y poder del cielo (Meditaciones matinales 1952, p. 113).
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