Martes 9 de diciembre: Quejarse, refunfuñar y crecer

Seamos cuidadosos de no condenar a quien no nos agrada porque no comparte nuestras ideas; esa misma condena irá en nuestra contra y nos hará más daño a nosotros que a la persona que queremos condenar. Cristo desea que su iglesia se mantenga unida. Todos debemos agradecer a Dios que no seremos juzgados de acuerdo con el discernimiento humano, que puede ser fácilmente pervertido… “Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta” (Santiago 5:9). El ser humano no puede leer el corazón; su juicio se forma por las apariencias, y a menudo éstas pueden ser engañosas. Dios es el que lee las intenciones del corazón. No hagamos nada por detrás; actuemos a la luz del día y seamos sinceros con nuestros hermanos y hermanas. Tratémoslos como queremos que Cristo nos trate a nosotros (Manuscript Releases, tomo 15, pp. 195, 196). Cuando el Espíritu Santo controle la mente de nuestros miembros de iglesia, se verá en nuestras iglesias un nivel mucho más alto en el lenguaje, en el ministerio, en la espiritualidad, del que ahora vemos. Los miembros de iglesia serán refrescados por el agua de vida, y los obreros, trabajando bajo la Cabeza, Cristo, revelarán a su Maestro en espíritu, en palabra, en obras y se animarán unos a otros a avanzar en la grandiosa obra final en la cual estamos comprometidos. Habrá un sano incremento de la unidad y el amor, lo cual dará testimonio al mundo de que Dios envió a su Hijo a morir por la redención de los pecadores. La verdad divina será exaltada; y a medida que brille como una lámpara encendida, la entenderemos más y más claramente (Reflejemos a Jesús, p. 211).
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