Notas de Elena | Martes 9 de junio 2015 | El reino de Dios: ya, pero no todavía | Escuela Sabática


 Martes 9 de junio:

El reino de Dios: ya, pero no todavía

Ahora debemos vigilarnos a nosotros mismos. Se nos han dirigido advertencias. ¿No podemos ver el cumplimiento de las predicciones de Cristo contenidas en el capítulo 21 de Lucas? ¿Cuántos son los que estudian las palabras del Señor? ¿Cuántos hay que se engañan a sí mismos y se privan de las bendiciones reservadas a los que creen y obedecen? El tiempo de gracia se prolonga todavía, y se nos ofrece la posibilidad de apropiarnos de la esperanza que el evangelio nos presenta. Arrepintámonos, convirtámonos y abandonemos nuestros pecados, para que sean borrados. “El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán. Y mirad por vosotros; que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir y de estar en pie delante del Hijo del hombre” (Lucas 21:33-36). ¿No prestaremos atención a las advertencias de Cristo? ¿No nos arrepentiremos sinceramente mientras que la dulce voz de la misericordia se deja oír todavía? (Joyas de los testimonios, tomo 3, p. 416).

Pero a medida que el espíritu de humildad y piedad fue reemplazado en la iglesia por el orgullo y formalismo, se enfriaron el amor a Cristo y la fe en su venida. Absorbido por la mundanalidad y la búsqueda de placeres, el profeso pueblo de Dios fue quedando ciego y no vio las instrucciones del Señor referentes a las señales de su venida. La doctrina del segundo advenimiento había sido descuidada; los pasajes de las Sagradas Escrituras que a ella se refieren fueron obscurecidos por falsas interpretaciones, hasta quedar ignorados y olvidados casi por completo. Tal fue el caso especialmente en las iglesias de los Estados Unidos de Norteamérica. La libertad y comodidad de que gozaban todas las clases de la sociedad, el deseo ambicioso de riquezas y lujo, que creaba una atención exclusiva a juntar dinero, la ardiente persecución de la popularidad y del poder, que parecían estar al alcance de todos, indujeron a los hombres a concentrar sus intereses y esperanzas en las cosas de esta vida, y a posponer para el lejano porvenir aquel solemne día en que el presente estado de cosas habrá de acabar. Cuando el Salvador dirigió la atención de sus discípulos hacia las señales de su regreso, predijo el estado de apostasía que existiría precisamente antes de su segundo advenimiento. Habría, como en los días de Noé, actividad febril en los negocios mundanos y sed de placeres, y los seres humanos iban a comprar, vender, sembrar, edificar, casarse y darse en matrimonio, olvidándose entre tanto de Dios y de la vida futura. La amonestación de Cristo para los que vivieran en aquel tiempo es: “Mirad, pues, por vosotros mismos, no sea que vuestros corazones sean entorpecidos con la glotonería, y la embriaguez, y los cuidados de esta vida, y así os sobrevenga de improviso aquel día.” “Velad, pues, en todo tiempo, y orad, a fin de que logréis evitar todas estas cosas que van a suceder, y estar en pie delante del Hijo del hombre.” (Lucas 21:34, 36, V.M.) (El conflicto ele los siglos, pp. 354, 355).

(135)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*