Miércoles 10 de diciembre: Ejemplos de paciente perseverancia

De acuerdo con su fe, fue tratado Job. “Me probará —dijo— y saldré como oro”. Así ocurrió. Por medio de su paciente resistencia vindicó su propio carácter y de ese modo el carácter de Aquel de quien era representante. Y “quitó Jehová la aflicción de Job… y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job… y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero” (La educación, p. 156).
Pero Dios había reservado a Abraham su última y más aflictiva prueba para el tiempo cuando la carga de los años pesaba sobre él y anhelaba descansar de la ansiedad y el trabajo. El patriarca moraba en Beerseba rodeado de prosperidad y honor. Era muy rico y los soberanos de aquella tierra le honraban como a un príncipe poderoso. Miles de ovejas y vacas cubrían la llanura que se extendía más allá de su campamento. Por doquiera estaban las tiendas de su séquito para albergar centenares de siervos fíeles. El hijo de la promesa había llegado a la edad viril junto a su padre. El Cielo parecía haber coronado de bendiciones la vida de sacrificio y paciencia frente a la esperanza aplazada (Patriarcas y profetas, p. 144). El que sirve bajo el estandarte manchado de sangre de Emmanuel, tiene una tarea que requerirá esfuerzo heroico y paciente perseverancia. Pero el soldado de la cruz permanece sin retroceder en la primera línea de la batalla. Cuando el enemigo lo presiona con sus ataques, se toma a la fortaleza por ayuda, y mientras presenta al Señor las promesas de la Palabra, se fortalece para los deberes de la hora. Comprende su necesidad de fuerza de lo alto. Las victorias que obtiene no le inducen a la exaltación propia, sino a depender más y más completamente del Poderoso. Confiando en ese poder, es capacitado para presentar el mensaje de salvación tan vigorosamente que vibre en otras mentes {Los hechos de los apóstoles, p. 291).
Aunque un velo oculta el futuro, ustedes tienen el conocimiento de las misericordias del Señor en el pasado. No permitan que las dificultades los desanimen. Han pasado por tribulaciones y serán llamados a pasar a través de dificultades otra vez. Han tenido que vivir experiencias no del todo agradables, y esas experiencias pueden repetirse. Han sido tentados, y serán tentados nuevamente. No conocemos lo que está delante de nosotros, pero sabemos que tenemos el privilegio de entregar nuestras almas a Dios como nuestro fiel Creador. Agradezcámosle por tener un refugio en la tribulación. Recordemos que Cristo es una ayuda presente en todo tiempo de necesidad. Las promesas de la Palabra de Dios son ricas, plenas y gratuitas. Dios está con nosotros, cuida de nosotros (Alza tus ojos, p. 140).
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