Miércoles 10 de julio: Nuestra libertad
Cristo es nuestra única esperanza. Id a Dios en el nombre de Aquel que dio su vida por el mundo. Confiad en la eficacia de su sacrificio. Mostrad que su amor y su gozo están en vuestra alma, y que a causa de eso vuestro gozo es pleno. Cesad de hablar de incredulidad. En Dios está nuestra fortaleza. Orad mucho. La oración es la vida del alma. La oración de fe es el arma con la cual podemos resistir con éxito cada ataque del enemigo (Mensajes selectos, t. 1, p. 103).
Solo una profunda experiencia personal nos capacitará para soportar las pruebas y tentaciones que enfrentaremos en la lucha cristiana. Demasiado a menudo nos sentimos bien cuando todo marcha suavemente; pero cuando las dudas asaltan el alma y Satanás nos susurra sus ideas, entonces se caen nuestras defensas y cedemos rápidamente a las artimañas del tentador, sin hacer esfuerzo alguno para resistirlo. No es suficiente tener buenas intenciones; el alma debe defenderse mediante la oración y el estudio de las Escrituras. Con estas armas, Jesús enfrentó al enemigo en el campo de batalla y lo venció. En su fuerza nosotros también podemos salir victoriosos. Pero no podemos hacerlo sin su ayuda. Él dice: “Separados de mí nada podéis hacer” (S. Juan 15: 5). Ningún alma verdaderamente humilde, que camina en la luz como Cristo está en la luz, será entrampada en los engaños satánicos.
Requerirá un constante esfuerzo de nuestra parte el vencer las tentaciones que enfrentamos diariamente. El mundo está contra nosotros; los cristianos nominales están contra nosotros; y Satanás está contra nosotros tratando de evitar que avancemos en la vida divina. Busca cada oportunidad para interponerse entre nuestras almas y nuestro Creador. Intentará llenarnos de innumerables ocupaciones para que no tengamos tiempo para leer la Biblia y orar. Pero no estamos solos en esta lucha contra los poderes de las tinieblas; debemos mantenemos junto a la Fuente de nuestra fortaleza (Signs o f the Times, 5 de marzo de 1885).
Para crecer en Cristo, nuestra Cabeza viviente, debemos hacer de la oración una necesidad cotidiana. Y no solamente la oración privada sino con la familia. Debido a que oramos poco, nuestras oraciones no son lo inteligentes y urgentes que debieran ser. La oración nos da el privilegio de comunicarnos con Dios, acercamos a él, y presentarle las promesas que nos ha hecho en su Palabra. Refresquemos nuestras almas con esas seguras promesas, y presentémosle nuestra gran necesidad como la razón para que él las cumpla. Aprendamos cada día más del arte de la fe para aproximarnos mejor a nuestro Padre celestial. Como hijos obedientes observemos sus mandatos y descansemos en él sabiendo que cumplirá lo que ha prometido. Jesús nos ama, y si mantenemos nuestras almas junto a él, podemos estar seguros que cumplirá nuestras esperanzas. A los que se sienten débiles e indignos, les da su bendición y su gracia, porque sabe que apreciarán sus bendiciones. Pero no fuerza su presencia ni obliga a la obediencia (Signs of the Times, 5 de marzo de 1885).

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