Notas de Elena | Miércoles 11 de julio del 2018 | La exaltación de Jesús | Escuela Sabática

Miércoles 11 de julio: La exaltación de Jesús
El sacrificio de Cristo como expiación por el pecado es la gran verdad alrededor de la cual se agrupan todas las otras verdades. Para entender y apreciar debidamente toda verdad de la Palabra de Dios, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, debe estudiarse a la luz que fluye de la cruz del Calvario y en relación con la maravillosa verdad central de la expiación del Salvador. Los que estudian el admirable sacrificio del Redentor, crecen en gracia y conocimiento (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1111)
Como sumo sacerdote que está dentro del velo, de tal manera inmortalizó Cristo el Calvario, que aunque vive para Dios, muere continuamente para el pecado. De esa manera, si peca algún hombre, tiene a un abogado ante el Padre. Resucitó de la tumba circuido de una nube de ángeles de admirable poder y gloria: la Deidad y la humanidad combinadas. Se apoderó del mundo sobre el cual Satanás pretendía presidir como en su legítimo territorio. En la obra admirable de dar su vida, Cristo restauró a toda la raza humana al favor de Dios (Mensajes selectos, t. 1, p. 402).
Como ser personal, Dios se ha revelado en su Hijo. Jesús, el resplandor de la gloria del Padre, “y la imagen misma de su sustancia” [Hebreos 1:3], vino a esta tierra en forma de hombre. Como Salvador personal, vino al mundo. Como Salvador personal, ascendió al cielo. Como Salvador personal, intercede en los atrios celestiales. Ante el trono de Dios ministra en nuestro favor como “uno semejante al Hijo del Hombre” [Apocalipsis 1:13].
Como la luz del mundo, veló el esplendor deslumbrante de su divinidad, y vino a vivir como hombre entre los hombres, a fin de que ellos pudieran conocer a su Creador sin ser consumidos. Ningún hombre vio jamás a Dios, excepto en la medida en que se reveló mediante Cristo.
Yo y el Padre uno somos”, declaró Cristo [Juan 10:30]. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” [Mateo 11:27] (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 277).
Cristo Jesús se dio a sí mismo en ofrenda completa en beneficio de cada hijo e hija caído de Adán. ¡Cuánta humillación soportó! ¡Cómo descendió, paso tras paso, más y más bajo en el sendero de la humillación, sin embargo nunca degradó su alma con ninguna mancha de pecado! Todo esto sufrió a fin de levantarte, limpiarte, refinarte y ennoblecerte, y colocarte como coheredero consigo mismo sobre su trono… La Majestad del cielo, el Hijo unigénito del Dios vivo y verdadero, abrió el camino para que llegaras a él, dando su vida en sacrificio sobre la cruz del Calvario (Fundamentals of Christian Education, pp. 251, 252).
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Notas de Elena G. de White para el estudio de las lecciones de Escuela Sabática
Esta semana:
Lección 2 – El Pentecostés
Para el 14 de julio del 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Tercer trimestre 2018
EL LIBRO DE HECHOS
Narración: Maira Fermin

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