Miércoles 11 de marzo: Manual para los pobres
Los pobres fieles y confiados se hacen ricos delante de Dios utilizando juiciosamente lo poco que poseen para bendecir a otros. Sienten que tienen obligaciones hacia su prójimo que no pueden descartar si quieren obedecer el mandamiento de Dios: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Consideran la salvación de sus semejantes de más importancia que todo el oro y la plata contenidos en el mundo (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 157).
Vi que los que no tienen propiedades, pero poseen fuerza física, son responsables delante de Dios por su fuerza. Deberían ser diligentes en los negocios y tener un espíritu ferviente; no deberían dejar que los que tienen recursos realicen todo el sacrificio. Vi que ellos también pueden sacrificarse, y que es su deber hacerlo así, lo mismo que los que tienen posesiones. Pero con frecuencia los que carecen de bienes no comprenden que pueden negarse a sí mismos en muchas formas, que pueden gastar menos en sus cuerpos, y para complacer sus gustos y apetitos, y encontrar más a fin de ahorrar para la causa, y en esta forma hacerse tesoros en el cielo.
Los que poseen fuerza física deben emplearla en el servicio de Dios. Deben trabajar con sus manos y ganar dinero para utilizarlo en la causa de Dios. Los que pueden trabajar deben hacerlo fielmente, y aprovechar las oportunidades de ayudar a los que no pueden conseguir trabajo (Consejos sobre mayordomia cristiana, pp. 127, 128).
Hace unos años algunos hermanos de los más pobres estaban en peligro de perder sus almas por impresiones equivocadas. Satanás los tentaba por todas partes con respecto a los ricos. Estos pobres hermanos estaban constantemente esperando ser favorecidos, cuando era su deber poner su esperanza en sus propias energías; y si hubieran sido favorecidos, habría sido lo peor que se habría hecho por ellos… Satanás estaba buscando derribar la clase pobre por medio de sus tentaciones. Algunos faltos de juicio y sabiduría han seguido sus propias inclinaciones, no dispuestos a buscar consejo y a seguirlo. Algunos han tenido que sufrir por sus miserables cálculos, y no obstante, estas mismas personas estaban propensas a creer que sus hermanos dueños de propiedades tenían el deber de ayudarles…
Algunos que profesan creer la verdad carecen de discernimiento y no logran apreciar el valor moral. Las personas que hacer alarde de su fidelidad a la causa y hablan como que piensan que saben todo lo que es de valor conocer, no son humildes de corazón. Pueden poseer dinero y propiedades, y esto es suficiente para darles influencia sobre otros; pero esto no les dará ni un ápice de ventaja delante de Dios. El dinero tiene dominio y ejerce una poderosa influencia. La excelencia de carácter y el valor moral son a menudo pasados por alto si Jos poseen personas de escasos recursos. Pero, ¿está Dios preocupado por dinero o posesiones?… No hace acepción de personas (Testimonios para la iglesia, t. 1, pp. 467, 468).

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