Notas de Elena | Miércoles 11 de octubre 2017 | Los creyentes gentiles | Escuela Sabática

Miércoles 11 de octubre: Los creyentes gentiles
Antes de su conversión, Pablo se había considerado, “cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible”. Filipenses 3:6. Pero desde que cambiara de corazón, había adquirido un claro concepto de la misión del Salvador como Redentor de toda la especie, gentiles tanto como judíos, y había aprendido la diferencia entre una fe viva y un muerto formalismo. A la luz del evangelio, los antiguos ritos y ceremonias confiados a Israel habían adquirido un nuevo y más profundo significado. Las cosas prefiguradas por ellos se habían producido, y los que vivían bajo la dispensación evangélica habían sido relevados de su observancia. Sin embargo, Pablo todavía guardaba tanto en el espíritu como en la letra, la inalterable ley divina de los diez mandamientos.
En la iglesia de Antioquía, la consideración del asunto de la circuncisión provocó mucha discusión y contienda. Finalmente, los miembros de la iglesia, temiendo que si la discusión continuaba se provocaría una división entre ellos, decidieron enviar a Pablo y Bernabé, con algunos hombres responsables de la iglesia, hasta Jerusalén, a fin de presentar el asunto a los apóstoles y ancianos. Habían de encontrarse allí con delegados de las diferentes iglesias, y con aquellos que habían venido a Jerusalén para asistir a las próximas fiestas. Mientras tanto, había de cesar toda controversia hasta que fuese dada una decisión final en el concilio general. Esta decisión sería entonces aceptada universalmente por las diversas iglesias en todo el país (Los hechos de los apóstoles, p. 154).
El sistema de sacrificios fue diseñado por Cristo mismo, y se le dio a Adán como un símbolo del Salvador que habría de venir, quien llevaría los pecados del mundo y moriría para darle redención. Por medio de Moisés, Cristo dio instrucciones definidas a los hijos de Israel en cuanto a las ofrendas de sacrificio… Solo animales limpios, perfectos, aquellos que mejor simbolizaban a Cristo, eran aceptados como ofrendas para Dios…
Se les prohibía a los israelitas comer la grasa y la sangre… Esta ley se refería no solamente a las bestias o a los animales destinados al sacrificio, sino a cualquier animal que se empleara como alimento. Esta ley debía grabar en ellos el hecho de que si no hubiera existido el pecado, no hubiera habido tampoco derramamiento de sangre…
La sangre del Hijo de Dios era simbolizada por la de las víctimas inmoladas, y Dios quería que tuvieran ideas claras y definidas para distinguir entre lo sagrado y lo común. La sangre era sagrada, porque solo mediante el derramamiento de la del Hijo de Dios podía haber expiación por el pecado (Sons and Daughters of God, p. 225; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 227).
Cuando surgen errores y son enseñados como verdad bíblica, los que están conectados con Cristo no confiarán en lo que dice el ministro, sino que —como los nobles bereanos— escudriñarán cada día las Escrituras para ver si estas cosas son así. Al descubrir cuál es la palabra del Señor, se pondrán de parte de la verdad. Oirán la voz del verdadero Pastor, que dice: “Este es el camino, andad en él”. De esa manera serán instruidos para hacer de la Biblia su consejero, y no oirán ni seguirán la voz de un extraño (Fe y obras, p. 88).

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