Miércoles 12 de noviembre: Controlar el daño

El don del habla es uno de los grandes dones de Dios. Las palabras son el medio mediante el cual se comunican los pensamientos del corazón. Con las palabras consolamos y bendecimos, suavizando el alma magullada y herida. Con las palabras podemos dar a conocer las maravillas de la gracia de Dios. Con la lengua también podemos pronunciar cosas perversas, hablando palabras que muerdan como una víbora. La lengua es un miembro pequeño, pero las palabras que formula tienen un gran poder. El Señor declara: “Ningún hombre puede domar la lengua”. Ella ha puesto a nación contra nación, y ha provocado guerras y derramamientos de sangre.
Las palabras han encendido fuegos muy difíciles de apagar. También han llevado gozo y alegría a muchos corazones. Y cuando se hablan palabras porque Dios ha dicho “habladles a ellos mis palabras”, muchas veces han sido la causa de que la tristeza se convierta en arrepentimiento. De la lengua no santificada, el apóstol Santiago escribe: “La lengua es un fuego, un mundo de maldad. Se halla entre nuestros miembros, contamina todo el cuerpo, inflama el curso de la naturaleza, y es inflamada por el infierno”. Satanás pone pensamientos en la mente que el cristiano nunca debiera pronunciar. Los insultos despreciativos, el lenguaje apasionado y amargo, las acusaciones crueles y llenas de sospechas, provienen de él. ¡Cuántas palabras se hablan que dañan al que las dice y a los que las escuchan! Las palabras duras golpean el alma, despertando sus peores pasiones. Los que hacen mal con su lengua, los que siembran discordia mediante palabras egoístas y llenas de celo, entristecen al Espíritu Santo; porque ellas están en pugna con los propósitos de Dios. Viendo el apóstol la inclinación a abusar del don de la palabra, nos presenta orientaciones concernientes a su uso. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca —dice él— sino la que sea buena para edificar”. La palabra “corrompida” significa aquí, cualquier palabra que haga una impresión en detrimento de los santos principios y la religión sin mancha; cualquier expresión que pudiera eclipsar la visión de Cristo, y borrar de la mente la verdadera simpatía y el amor. Esto incluye alusiones impuras que, a menos que se resistan inmediatamente, conducen a un gran pecado. A todos se nos ha dado el deber de obstruir el camino a toda comunicación corrupta… Guardad bien el talento del habla; porque es un tremendo poder para el mal, así como para el bien. Nunca podrá ser usted demasiado cuidadoso de lo que dice; porque las palabras que usted pronuncia, demuestran cuál es el poder que controla su mente. Si Cristo reina allí, sus palabras revelarán la belleza, la pureza y la fragancia de un carácter amoldado y formado a su voluntad. Pero si usted está bajo la dirección del enemigo de todo lo bueno, sus palabras serán eco de sus sentimientos La Biblia da a conocer claramente la gran responsabilidad que implica el don del habla. “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”, declaró Cristo. Y el salmista pregunta. “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo no por eso cambia; quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitía cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará jamás” (Salmo 15:1-5). “Guarda tu lengua de mal, y tus labios de hablar engaño” (Salmo 34:13). La bestia salvaje del bosque puede ser domesticada, “pero ningún hombre puede domar la lengua” (Santiago 3:8).
Solo mediante Cristo podemos ganar la victoria sobre el deseo de hablar palabras precipitadas, faltas de cristianismo. Cuando, mediante su poder, rehusamos pronunciar las palabras que Satanás nos sugiere, la planta de amargura de nuestro corazón, se marchita y muere. El Espíritu Santo puede hacer de la lengua, un sabor de vida para vida (La voz: su educación y uso correcto, pp. 2124).
www.escuelasabatica.es

(452)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*