Notas de Elena | Miércoles 13 de abril 2016 | Los principios del reino | Escuela Sabática
Miércoles 13 de abril: Los principios del reino
La vida espiritual es lo que constituirá una bendición para la humanidad. Si el hombre está en armonía con Dios, dependerá continuamente de él para sus fuerzas. “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. La obra de nuestra vida debe ser un esfuerzo continuo por alcanzar la perfección del carácter cristiano, esforzándonos siempre por conformamos a la voluntad de Dios.
Los esfuerzos comenzados en la tierra continuarán durante toda la eternidad. La norma divina para el hombre se eleva al significado más completo del término, y si se comporta de acuerdo con la calidad humana que Dios le ha dado promoverá una felicidad tal en esta vida que lo conducirá a la gloria y a la recompensa eterna de la vida venidera (.Exaltad a Jesús, p. 90).
Cristo nos dice: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). Él es nuestro ejemplo. Durante su vida terrenal, siempre fue bondadoso y gentil. Su influencia fue siempre fragante; pues en él moraba el perfecto amor. Nunca era agrio ni intratable, y nunca transigía con el error para obtener un favor. Si tenemos su justicia, seremos como él es gentileza, en tolerancia y en amor desinteresado. Morando en la luz del sol de su presencia, ¿no seremos ablandados por su gracia? {En lugares celestiales, p. 31).
El ideal del carácter cristiano es la semejanza con Cristo. Como el Hijo del hombre fue perfecto en su vida, los que le siguen han de ser perfectos en la suya. Jesús fue hecho en todo semejante a sus hermanos. Se hizo carne, como somos carne. Tuvo hambre y sed y sintió cansancio. Fue sostenido por el alimento y refrigerado por el sueño. Participó de la suerte del hombre, aunque era el inmaculado Hijo de Dios. Era Dios en la carne. Su carácter ha de ser el nuestro {Reflejemos a Jesús, p. 16).
Cuanto más se acerque a Jesús, tanto más culpable aparecerá ante sus propios ojos, porque su visión será más clara, y sus imperfecciones serán vistas en un contraste más nítido con su perfecta naturaleza. Pero no se desanime. Esta es una evidencia de que los engaños de Satanás han perdido su poder; de que la influencia vivificante del Espíritu de Dios está surgiendo en usted, y que su indiferencia y despreocupación están desapareciendo.
Ningún amor profundo por Jesús puede morar en el corazón de aquellos que no ven ni comprenden su propia pecaminosidad. El alma que es transformada por la gracia, admirará su carácter divino; pero si no vemos nuestra propia deformidad moral, es una evidencia inequívoca de que no hemos tenido una visión de la belleza y excelencia de Cristo. Cuanto menos cosas de estima veamos en nosotros mismos, tanto más veremos para apreciar en la infinita pureza y amor de nuestro Salvador. Una visión de nuestra propia pecaminosidad nos conduce hacia Aquel que puede perdonar {Dios nos cuida, p. 101).

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