Notas de Elena | Miércoles 15 de Noviembre 2017 | ¿Pecado u obediencia? | Escuela Sabática

Miércoles 15 de Noviembre:
¿Pecado u obediencia?
La santificación es una obra cotidiana. Que nadie se engañe pensando que Dios perdonara y bendecirá a los que están pisoteando uno de sus requerimientos. La comisión voluntaria de un pecado conocido, silencia el testimonio del Espíritu, y separa el alma de Dios. Cualquiera sea el éxtasis del sentimiento religioso, Jesús no puede morar en el corazón que desobedece la ley divina. Dios honrara a aquellos que lo honran (La edificación del carácter, p. 91).
Nadie puede servir a dos señores. Los hijos del maligno son los siervos de su señor, al cual se entregaron para obedecerle; son sus siervos, y no pueden ser siervos de Dios a menos que renuncien a todas sus obras. No puede ser inofensivo para los siervos del Rey celestial tomar parte en los placeres y diversiones en que participan los siervos de Satanás, aun cuando repitan a menudo que las tales diversiones son inocentes. Dios ha revelado verdades sagradas y santas que han de separar a sus hijos de los impíos y purificarlos para sí. Los adventistas del séptimo día deben vivir conforme a su fe. Los que obedecen los Diez Mandamientos consideran el estado del mundo y las cosas religiosas desde un punto de vista completamente diferente del que tienen los que profesan ser cristianos, pero son amantes de los placeres, rehúyen la cruz y viven violando el cuarto mandamiento (Testimonios para la
iglesia, t. 1, p. 358).
Una gran cantidad de los que profesan ser siervos de Cristo no lo son en realidad. Están engañando a sus almas para su propia destrucción. Mientras profesan ser siervos de Cristo, no viven en obediencia a su voluntad. ‘¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” Muchos, mientras profesan ser siervos de Cristo, obedecen a otro amo, trabajando diariamente en contra del Maestro al que profesan servir (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 394).
Encareced al tentado a que no mire a las circunstancias, a su propia flaqueza, ni a la fuerza de la tentación, sino al poder de la Palabra de Dios, cuya fuerza es toda nuestra. “En mi corazón —dice el salmista— he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. “Por la palabra de tus labios yo me he guardado de las vías del destructor”. Salmos 119:11; 17:4.
Muchos vencidos por la tentación se sienten humillados por sus caídas, y les parece inútil acercarse a Dios; pero este pensamiento es del enemigo. Cuando han pecado y se sienten incapaces de orar, decidles que es entonces cuando deben orar. Bien pueden estar avergonzados y profundamente humillados; pero cuando confiesen sus pecados, Aquel que es fiel y justo se los perdonara y los limpiara de toda iniquidad.
No hay nada al parecer tan débil, y no obstante tan invencible, como el alma que siente su insignificancia y confía por completo en los méritos del Salvador (El ministerio de curación, p. 136).

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