Notas de Elena | Miércoles 17 de agosto 2016 | Jesús lloró | Escuela Sabática


Miércoles 17 de agosto: Jesús lloró
“Jesús entonces, como la vio llorando, y a los judíos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse”. Leyó el corazón de todos los presentes. Veía que, en muchos, lo que pasaba como demostración de pesar era tan solo fingimiento. Sabía que algunos de los del grupo, que manifestaban ahora un pesar hipócrita, estarían antes de mucho maquinando la muerte, no solo del poderoso taumaturgo, sino del que iba a ser resucitado de los muertos. Cristo podría haberlos despojado de su falso pesar. Pero dominó su justa indignación. No pronunció las palabras que podría haber pronunciado con toda verdad, porque amaba a la que, arrodillada a sus pies con tristeza, creía verdaderamente en él…
A la vista de esta angustia humana, y por el hecho de que los amigos afligidos pudiesen llorar a sus muertos mientras el Salvador del mundo estaba al lado, “lloró Jesús”. Aunque era Hijo de Dios, había tomado sobre sí la naturaleza humana y le conmovía el pesar humano. Su corazón compasivo y tierno se conmueve siempre de simpatía hacia los dolientes. Llora con los que lloran y se regocija con los que se regocijan.
No era solo por su simpatía humana hacia María y Marta por lo que Jesús lloró. En sus lágrimas había un pesar que superaba tanto al pesar humano como los cielos superan a la tierra. Cristo no lloraba por Lázaro, pues iba a sacarle de la tumba. Lloró porque muchos de los que estaban ahora llorando por Lázaro maquinarían pronto la muerte del que era la resurrección y la vida ¡El Deseado de todas las gentes, p. 490).
Haced de la obra de Cristo vuestro ejemplo. Constantemente él iba haciendo el bien: alimentando al hambriento y curando al enfermo. Ninguno que se allegó a él en busca de simpatía se sintió chasqueado. El Príncipe de las cortes celestiales, se hizo carne y habitó entre nosotros, y su vida de trabajo es un ejemplo de la obra que nosotros debemos realizar. Su tierno, misericordioso amor censura nuestro egoísmo e indiferencia.
Cristo se colocó a la cabeza de la humanidad con el ropaje de la humanidad. Su actitud era tan llena de simpatía y amor, que hasta el más pobre no temía aproximársele. Era bondadoso para con todos y fácilmente accesible para los más humildes. Iba de casa en casa, sanando a los enfermos, alimentando a los hambrientos, consolando a los dolientes, aliviando a los afligidos, hablando paz a los acongojados. Estaba dispuesto a humillarse a sí mismo, negarse a sí mismo. No procuraba destacar su persona. Era el siervo de todos. Su comida y su bebida eran el ser un alivio y un consuelo para otros, alegrar a los tristes y cargados con quienes diariamente se relacionaba.
Cristo está delante de nosotros como un Hombre modelo, el gran Medico Misionero: un ejemplo para todos los que vendrían después. Su amor, puro y santo, bendecía a todos aquellos que llegaban dentro de la esfera de su influencia. Su carácter fue absolutamente perfecto, libre de la más leve mancha de pecado. Él vino como una expresión del perfecto amor de Dios, no para aplastar, no para juzgar y condenar, sino para sanar todo débil, defectuoso carácter, para salvar hombres y mujeres del poder de Satanás…
Hemos de hacer la misma obra que el gran Médico Misionero emprendió en nuestro beneficio. Hemos de seguir el sendero del sacrificio desinteresado que Cristo transitó (£7 ministerio de la bondad, pp. 57, 58).
Notas de Elena para la Escuela Sabática | Lección 8 para el 20 de agosto de 2016 | Jesús mostraba simpatía | El papel de la iglesia en la comunidad | Tercer trimestre 2016

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