MIÉRCOLES 17 DE JULIO: EL REAVIVAMIENTO, LA FE Y LA PALABRA
La fe no es sentimiento. “Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven”. La verdadera fe no va en ningún sentido aliada a la presunción. Únicamente aquel que tiene verdadera fe está seguro contra la presunción, porque la presunción es la falsificación de la fe por Satanás.
La fe se aferra a las promesas de Dios, y produce fruto en obediencia. La presunción se atiene también a las promesas, pero las emplea como las empleó Satanás, para disculpar la transgresión. La fe habría inducido a nuestros primeros padres a confiar en el amor de Dios y obedecer sus mandamientos. La presunción los indujo a violar su ley, creyendo que su gran amor los salvaría de las consecuencias de su pecado. No es fe la que pretende el favor del cielo sin cumplir con las condiciones en que se ha de otorgar la misericordia. La verdadera fe tiene su cimiento en las promesas y provisiones de las Escrituras (Obreros evangélicos, p. 274). Muchas veces la vida cristiana está rodeada de peligros, y el deber parece difícil de cumplir. La imaginación cree ver la ruina inminente si se avanza, y la servidumbre y la muerte si se vuelve atrás. Sin embargo, la voz de Dios dice claramente: Id adelante. Obedezcamos la orden, aun cuando nuestra vista no pueda penetrar las tinieblas. Los obstáculos que impiden nuestro progreso no desaparecerán nunca ante un espíritu vacilante y dudoso. Aquellos que difieren la obediencia hasta que toda incertidumbre desaparezca, y no queden riesgos de fracaso ni derrota, no obedecerán nunca. La fe mira más allá de las dificultades, y echa mano de lo invisible, aun de la Omnipotencia, y por lo tanto, no puede resultar frustrada. La fe es como asir la mano de Cristo en toda emergencia (Obreros evangélicos, p. 276). Dios nos da suficiente evidencia para aceptar razonablemente la verdad; pero no se propone quitar todo motivo de duda e incredulidad. Si lo hiciera ya no habría necesidad de ejercitar la fe porque podríamos caminar por la vista. Todos los que estudian la Palabra de Dios con deseo de aprender, verán allí el camino de salvación; sin embargo puede ser que no sean capaces de comprender cada porción del registro sagrado […]. Todo lo que está claramente establecido en la Palabra de Dios debemos aceptarlo, sin intentar hacer frente a cada duda que Satanás pueda sugerir, o tratar de sondear al Infinito con nuestra comprensión finita, o de poner en tela de juicio las manifestaciones de su gracia y poder […]. Si procuramos humildemente conocer la voluntad de Dios como está revelada en su Palabra, y si luego la obedecemos a medida que es presentada con claridad a nuestro entendimiento, seremos arraigados en la verdad.
Los que están perpetuamente hablando de dudas y exigiendo evidencias adicionales para disipar sus nubes de incredulidad, no están edificando sobre la Palabra. Su fe descansa sobre circunstancias, está fundada sobre el sentimiento. Pero el sentimiento, por más placentero que sea, no es fe. La Palabra de Dios es el fundamento sobre el cual debemos edificar nuestras esperanzas del cielo (En lugares celestiales, p. 105,106).

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