Notas de Elena | Miércoles 18 de enero 2017 | La obra divina del Espíritu Santo | Escuela Sabática


Miércoles 18 de enero: La obra divina del Espíritu Santo
Toda verdadera reforma comienza con la purificación del alma. Es gracias al lavacro de la regeneración y a la renovación de la mente por medio del poder del Espíritu Santo, como se opera un cambio en la vida. Al contemplar a Cristo, nos transformamos. Si la mente se espacia en forma constante en las cosas temporales, éstas llegan a absorberlo todo y afectan al carácter, de modo que la gloria de Dios se pierde de vista y se olvida. Las oportunidades que están al alcance de ellos para llegar a ser versados en las cosas celestiales, se pasan por alto. Muere la vida espiritual. El Señor dice que tales obreros: “Son dados a ídolos; dejadlos”… Depended plenamente de Dios. Si obráis de otro modo, conviene que os detengáis. Deteneos donde estáis, y cambiad el orden de las cosas… Clamad a Dios con sinceridad, con hambre en el alma. Luchad con los instrumentos celestiales hasta que obtengáis la victoria. Poned todo vuestro ser en las manos del Señor, alma, cuerpo y espíritu, y resolved convertiros en su instrumento amante y consagrado, impulsado por su voluntad, dominado por su mente, saturado de su Espíritu… Entonces veréis claramente las cosas celestiales (Hijos e hijas de Dios, p. 107).
¿Qué hombre hay que se atreva a tomar la Biblia y decir que esta parte es inspirada y aquella otra no lo es? Preferiría que me arrancaran ambos brazos antes de que jamás hiciera una declaración o impusiera mi juicio sobre la Palabra de Dios en cuanto a qué es inspirado y qué no lo es. ¿Cómo sabría el hombre limitado cosa alguna en cuanto a este asunto? Debe tomar la Palabra de Dios al pie de la letra, luego apreciarla tal como es, incorporarla en la vida y entretejerla en el carácter. En la Palabra de Dios está plenamente revelado todo lo que concierne a la salvación de los hombres, y si tomamos esa Palabra y la comprendemos en la mejor forma en que nos es posible, Dios nos ayudará en su comprensión. Las mentes humanas sin la ayuda especial del Espíritu de Dios considerarán que muchas cosas de la Biblia son muy difíciles de comprender, porque les falta esclarecimiento divino. Los hombres no deben ocuparse de la Palabra de Dios ensalzando su propia manera de obrar, o su propia voluntad, o sus propias ideas, sino deben ocuparse de ella con un espíritu dócil, humilde y santo. Nunca tratéis de escudriñar las Escrituras a menos que estéis listos a escuchar, a menos que estéis dispuestos a aprender, a menos que queráis escuchar la Palabra de Dios directamente desde los oráculos vivientes. Nunca permitáis que un hombre mortal juzgue la Palabra de Dios o dictamine cuánto de ella es inspirado y cuánto no es inspirado, o que esta porción es más inspirada que algunas otras porciones. Dios le amonesta que se retire de ese terreno. Dios no le ha dado una obra tal para hacer (Comentario de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 931).

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