Notas de Elena | Miércoles 18 de octubre 2017 | Lo que tienen en común judíos y gentiles | Escuela Sabática

Miércoles 18 de octubre: Lo que tienen en común judíos y gentiles
No os consideréis como normas. No hagáis de vuestras opiniones y vuestros conceptos del deber, de vuestras interpretaciones de las Escrituras, un criterio para los demás, ni los condenéis si no alcanzan a vuestro ideal. No censuréis a los demás; no hagáis suposiciones acerca de sus motivos ni los juzguéis.
“No juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones” (1 Corintios 4:5). No podemos leer el corazón. Por ser imperfectos, no somos competentes para juzgar a otros. A causa de sus limitaciones, el hombre solo puede juzgar por las apariencias. Únicamente a Dios, quien conoce los motivos secretos de los actos y trata a cada uno con amor y compasión, le corresponde decidir el caso de cada alma (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 105, 106).
¿Tú, que te jactas de la ley, con infracción de la ley deshonras a Dios? Porque el nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre los Gentiles, como está escrito. Romanos 2:23, 24.
“Todos los que se unen a la iglesia pero no están unidos al Señor, manifestarán con el tiempo su verdadero carácter. ‘Por sus frutos los conoceréis.’ Los preciosos frutos de bondad, templanza, paciencia, piedad, amor y caridad, no aparecen en sus vidas… Dios queda des-honrado ante el mundo por los tales…
“Satanás sabe que éstos son sus mejores agentes, porque sus corazones y vidas no están transformados, y sus obras revelan tan notable contraste con lo que profesan, que son una piedra de tropiezo para los incrédulos y un motivo de prueba para los creyentes…
“¡Qué cuenta tendrán que rendir en el día del ajuste final los que profesan guardar los mandamientos de Dios, mientras sus vidas des-mienten su profesión, porque no llevan buenos frutos!” (La fe por la cual vivo, p. 94).
Disponemos solamente de un día a la vez, y en él hemos de vivir para Dios. Por ese solo día, mediante el servicio consagrado, hemos de confiar en la mano de Cristo todos nuestros planes y propósitos, depositando en él todas las cuitas, porque él cuida de nosotros. “Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. “En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza”. Jeremías 29:11; Isaías 30:15.
Si buscamos a Dios y nos convertimos cada día; si voluntariamente escogemos ser libres y felices en Dios; si con alegría en el corazón respondemos a su llamamiento y llevamos el yugo de Cristo —que es yugo de obediencia y de servicio—, todas nuestras murmuraciones serán acalladas, todas las dificultades se alejarán, y quedarán resueltos todos los problemas complejos que ahora nos acongojan (El discurso maestro de Jesucristo, p. 86).

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