Miércoles 2 de julio: El cuidado compasivo de nuestro Padre celestial.
Nos aterrorizamos cuando contemplamos la santidad y la gloria del Dios del universo pues sabemos que su justicia no le permitirá absolver al culpable. Pero no necesitamos permanecer en el terror pues Cristo vino al mundo a revelar el carácter de Dios, a explicarnos su amor paternal para sus hijos adoptivos. No hemos de estimar el carácter de Dios solo por las estupendas obras de la naturaleza sino por la sencilla y amante vida de Jesús que presentó a Jehová como más misericordioso, más compasivo, más tierno que nuestros padres terrenales.
Jesús dio a conocer al Padre como Uno a quien podemos darle nuestra confianza y presentarle nuestras necesidades. Cuando nos aterrorizamos ante Dios y estamos abrumados por el pensamiento de su gloria y majestad, el Padre nos señala a Cristo como su representante. Lo que veis revelado en Jesús, la ternura, la compasión y el amor, es el reflejo de los atributos del Padre. La cruz del Calvario revela al hombre el amor de Dios. Cristo representa al Soberano del universo como a un Dios de amor. Él dijo por la boca del profeta: “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3).
Tenemos acceso a Dios por los méritos del nombre de Cristo, y Dios nos invita a llevarle nuestras pruebas y tentaciones, pues las entiende todas. Él no quiere que nosotros derramemos nuestras quejas en oídos humanos. Por la sangre de Cristo podemos llegarnos al trono de la gracia, y hallar gracia para el oportuno socorro. Con seguridad podemos allegarnos diciendo: “Mi aceptación es en el Amado”. “Por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”. “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Efesios 2:18; 3:12).
Como un padre terrenal anima a su hijo para que vaya a él siempre, así el Señor nos anima a depositar ante él nuestras necesidades y perplejidades, nuestra gratitud y nuestro amor. Cada promesa es segura. Jesús es nuestra Garantía y Mediador, y ha colocado a nuestra disposición todos los recursos a fin de que podamos tener un carácter perfecto {En lugares celestiales, p. 18).
Aunque los seres humanos han pecado terriblemente, no son abandonados. La mano que sostiene el mundo también sostiene y fortalece al pecador más débil. El Artista maestro, cuya habilidad está por encima de la habilidad de cualquier ser humano, que da a las flores del campo sus tintes delicados y hermosos, y que cuida por los pajarillos, también cuida por sus hijos.
El cuidado concedido por el cielo a cada objeto de su creación es proporcional al lugar que ocupa en sus obras creadas. Si las flores reciben una belleza mayor que la de Salomón con toda su gloria, ¿cuánto debemos estimar el cuidado que dedica para la herencia que ha comprado? Cristo menciona el cuidado concedido a cosas que se marchitan en un día, para mostrarnos cuánto más amor tiene Dios por aquellos que ha creado a su propia imagen, y quiere que cada mente capte esta preciosa verdad. Abre delante de nosotros el libro de sus providencias y nos muestra nuestros nombres escritos en el libro. Cada uno de nosotros tiene una página donde están escritos los eventos de nuestra vida, y ni por un momento nuestros nombres están ausentes en la mente de Dios. En verdad, el amor y el cuidado que Dios tiene por los seres que ha creado son maravillosos (Signs of the Times, 10 de octubre de 1900).
Hay mansiones para los peregrinos de la tierra. Hay vestiduras, coronas de gloria y palmas de victoria para los justos. Todo lo que nos dejó perplejos en las providencias de Dios quedará aclarado en el mundo venidero. Las cosas difíciles de entender hallarán entonces su explicación. Los misterios de la gracia nos serán revelados. Donde nuestras mentes finitas discernían solamente confusión y promesas quebrantadas, veremos la más perfecta y hermosa armonía. Sabremos que el amor infinito ordenó los incidentes que nos parecieron más penosos. A medida que comprendamos el tierno cuidado de Aquel que hace que todas las cosas obren conjuntamente para nuestro bien, nos regocijaremos con gozo inefable y rebosante de gloria (Dios nos cuida, p. 251).
http://escuelasabatica.es/

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