Notas de Elena | Miércoles 2 de noviembre 2016 | El necio echa raíces | Escuela Sabática


Miércoles 2 de noviembre: El necio echa raíces

Siglo tras siglo, la curiosidad de los hombres los ha inducido a buscar el árbol del conocimiento, y a menudo creen que están arrancándole los frutos más esenciales, cuando en realidad son vanidad y nada, en comparación con la ciencia de la verdadera santidad que les abriría las puertas de la ciudad de Dios. La ambición de los hombres procura un conocimiento que les imparta gloria, supremacía y ensalzamiento propio. Así influyó Satanás en Adán y Eva, hasta que violaron la restricción de Dios, e iniciaron su educación bajo el maestro de mentiras. Adquirieron el conocimiento que Dios les había negado, el de las consecuencias de la transgresión. El así llamado árbol del conocimiento, ha llegado a ser un instrumento de muerte. Satanás ha entretejido arteramente sus dogmas, sus teorías falsas, con las instrucciones dadas. Desde el árbol del conocimiento enuncia las adulaciones más halagüeñas respecto de la educación superior. Miles participan del fruto de este árbol, pero significa la muerte para ellos. Cristo dice: “¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan?” (Isaías 55:2). Estáis dedicando los talentos que os confió el cielo en conseguir una educación que Dios declara insensata (Consejos para los maestros, pp. 13, 14).
Si el velo que separa el mundo visible del invisible pudiese alzarse, y los hijos de Dios pudiesen contemplar la gran controversia que se riñe entre Cristo y los ángeles santos y Satanás y sus huestes perversas a propósito de la redención del hombre; si pudiesen comprender la admirable obra de Dios para rescatar las almas de la servidumbre del pecado, y el constante ejercicio de su poder para protegerlas de la malicia del maligno, estarían mejor preparados para resistir los designios de Satanás. Su mente se llenaría de solemnidad en vista de la vasta extensión e importancia del plan de la redención y la magnitud de la obra que tienen delante de sí como colaboradores de Cristo. Quedarían humillados aunque estimulados, sabiendo que todo el cielo se interesa en su salvación (Joyas de los testimonios, tomo 2, p. 170).
Mas cuando nos llega la tribulación, ¡cuántos somos los que pensamos como Jacob! Imaginamos que es la mano de un enemigo y luchamos a ciegas en la oscuridad, hasta que se nos agota la fuerza, y no logramos consuelo ni rescate. El toque divino al rayar el día fue lo que reveló a Jacob con quién estaba luchando: el Ángel del pacto. Lloroso e impotente, se refugió en el seno del Amor infinito para recibir la bendición que su alma anhelaba. Nosotros también necesitamos aprender que las pruebas implican beneficios y que no debemos menospreciar el castigo del Señor ni desmayar cuando él nos reprende.
“Bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga… Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará; él hiere, y sus manos curan. En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará mal”. A todos los afligidos viene Jesús con el ministerio de curación. El duelo, el dolor y la aflicción pueden iluminarse con revelaciones preciosas de su presencia (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 15, 16).
Escuela Sabática | Lección 6 | Para el 5 de noviembre de 2016 | La maldición ¿sin causa? | El libro de Job | Cuarto trimestre 2016 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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