Notas de Elena | Miércoles 20 de septiembre 2017 | La ley de Cristo | Escuela Sabática

Miércoles 20 de septiembre: La ley de Cristo

Si un miembro de la familia de Cristo cae en tentación, los demás deben velar por él con bondadoso interés, para detener los pies que empiezan a descarriarse por senderos falsos y para ganarlo a una vida pura y santa. Dios requiere que cada miembro de su iglesia realice este servicio… Los miembros de la familia de Dios deben obrar con sabiduría y velar; deben hacer todo lo posible para salvar a sus hermanos más débiles de las redes ocultas de Satanás.

Esto también es obra misionera, y ayuda tanto a los que la realizan como a las personas por quienes se hace. El bondadoso interés que manifestamos en el círculo del hogar, las palabras de simpatía que hablamos a nuestros hermanos y hermanas nos preparan para trabajar por los miembros de la casa del Señor, con quienes, si permanecemos leales a Cristo, viviremos durante la eternidad. Cristo dice: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10). Puesto que esto es así, ¡con cuánto cuidado deberían los miembros de la familia del Señor velar por sus hermanos y hermanas! Haceos amigos de ellos. Si son pobres y necesitan alimento y vestido, atended sus necesidades temporales tal como lo hacéis con sus necesidades espirituales. En esta forma seréis una doble bendición para ellos (El evangelismo, p. 259).

Acuda a él tal como es, y póngase en sus manos. Crea que él lo acepta tal como ha prometido. No trate de hacer algo importante que lo recomiende a Dios, sino confíe en él ahora, en este momento… Acuda con fe humilde a Aquel que nunca dijo a los necesitados y sufrientes: “Buscan mi rostro en vano”. Sabemos que somos pecadores, que a menudo nos equivocamos y que frecuentemente somos vencidos en las tentaciones, pero esto no debiera conducimos en nuestra gran necesidad a apartamos del Único que puede ayudamos y salvarnos del poder de Satanás. Desalentar y llevar a la desesperación es la obra del enemigo.

¡Qué evidencia tenemos del incomparable amor de Jesús en que dejó el cielo y vino a la tierra para ayudamos! Él dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30) (Alza tus ojos, p. 326).

Algunas veces derramamos nuestras dificultades en los oídos humanos, y les contamos nuestras aflicciones a aquellos que no pueden ayudamos, y nos olvidamos de confiárselo todo a Jesús, quien puede cambiar nuestra pena en gozo…

Él se propone ser nuestro amigo y caminar junto a nosotros en todos los ásperos caminos de la vida. Él nos dice: Yo soy el Señor tu Dios, camina conmigo, y yo llenaré de luz tu senda. Jesús, la Majestad del cielo, se propone elevar al compañerismo consigo, a aquellos que acudan a él con sus cargas, sus debilidades y sus cuidados (Nuestra elevada vocación, p. 99).

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