Miércoles 26 de noviembre: Una neblina

El tiempo, cargado con preciosas oportunidades de servir al Señor, está pasando rápidamente a la eternidad. Querido lector: ¿estás aprovechando esas oportunidades mientras pasan? No debieras tomarlas ligeramente porque tendremos que dar cuenta de ellas en el juicio, y responder por lo que hemos hecho en el cuerpo. ¿Tus palabras animan y consuelan a los que buscan tu ayuda? ¿Tu influencia fortalece a los que se asocian contigo? ¿Eres fiel al Señor con tus posesiones?
Conságrate cada día al servicio de Dios. Recuerda cuan breve es el período de vida que se nos concede. No digas presuntuosamente: “Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos” (Santiago 4:13). Dios puede tener planes diferentes para ti; la vida no te pertenece para procurar cumplir tus propios planes. La vida es una “neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (versículo 14). No sabes cuan pronto tu mano perderá su habilidad y tus pasos su firmeza. Pon tu cuidado sobre el Señor y no permitas que las cosas de este mundo te separen de él. Consagra a él todo lo que eres y lo que tienes sin demorarte, porque hay peligro en la demora. Solo tendrás unos pocos años para servir al Maestro y entonces escucharás una voz con el pedido que no podrás dejar de responder: “Da cuenta de tu mayordomía” (Signs of the Times, 21 de enero de 1897).
Estamos de viaje aquí; somos peregrinos y extranjeros en esta tierra. Buscamos preparamos para una patria mejor: la celestial. Tenemos que aprender el lenguaje de esa patria y capacitarnos para tener una vida que se mide con la vida de Dios. Nuestra vida en este mundo es una neblina que se desvanece. ¿Dedicaremos, entonces, toda nuestra energía para aseguramos los tesoros de esta tierra para esta corta vida, o pondremos todas nuestras habilidades para ganar la vida futura e inmortal? Cristo nos dice en su Palabra: “Habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20) (Signs of the Times, 4 de agosto de 1890).
Considerando la brevedad del tiempo, debiéramos, como pueblo, velar y orar, y en ningún caso dejarnos distraer de la solemne obra de preparación para el gran acontecimiento que nos espera. Porque el tiempo se alarga aparentemente, muchos han llegado a ser descuidados e indiferentes acerca de sus palabras y acciones. No comprenden su peligro, y no ven ni entienden la misericordia de nuestro Dios al prolongar su tiempo de gracia a fin de que tengan tiempo para adquirir un carácter digno de la vida futura e inmortal. Cada momento es del más alto valor. Les es concedido tiempo, no para dedicarlo a estudiar sus propias comodidades y ser moradores de la tierra, sino para emplearlo en la obra de vencer todo defecto de su propio carácter, y en ayudar a otros, por su ejemplo y esfuerzo personal, a ver la belleza de la santidad. Dios- tiene en la tierra un pueblo que con fe y santa esperanza, está siguiendo el rollo de la profecía que rápidamente se cumple, y cuyos miembros están tratando de purificar sus almas obedeciendo a la verdad, a fin de no ser hallados sin ropa de boda cuando Cristo aparezca (Testimonios selectos, tomo 1, pp. 305, 306).
www.escuelasabatica.es

(305)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*