Miércoles 28 de enero: La verdad de los justos

El mundo perece por falta de la verdad, de la verdad pura y no adulterada. Cristo es la verdad. Sus palabras son verdad… El conocimiento que procede de Dios es el pan de vida. Son las hojas del árbol de la vida que son para la sanidad de las naciones. La corriente de la vida espiritual mueve el alma cuando las palabras de Cristo son creídas y practicadas. Así es como somos hechos uno con Cristo. La experiencia que era débil se hace fuerte. Si mantenemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza, obtendremos la vida eterna. Debemos recibir toda verdad como la vida de Jesús. La verdad nos limpia de la impureza y prepara el alma para la presencia de Cristo. Cristo se forma en el interior como la esperanza de gloria. Debemos participar cada día de la verdad. Debemos comer las palabras de Cristo, las cuales él declara que son espíritu y son vida. La aceptación de la verdad hará de cada persona que la recibe un hijo de Dios y un heredero del cielo.
La verdad que está en el corazón no es letra fría y muerta… Hay plenitud de gozo en la verdad. Han nobleza en la vida del agente humano que vive y obra bajo la influencia vivificadora de la verdad. La verdad es sagrada y divina. Es más fuerte y más poderosa que cualquier otra cosa en la formación del carácter a la semejanza de Cristo. Cuando se la aprecia en el corazón, el amor de Cristo es preferido al amor de cualquier ser humano. Esto es el cristianismo. Así la verdad pura y no adulterada ocupa la ciudadela del ser. Esta es la vida de Dios en el alma. “Y os daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros” (Ezequiel 36:26) (Nuestra elevada vocación, p. 210).
Tengo una obra que hacer y por la gracia de Dios la haré. Mi única ansiedad tiene que ver con los que se sienten más inclinados a creer una mentira que una verdad. ¿Qué puedo hacer por ellos? ¿Que puedo hacer para que no inventen mentiras ni las amen después de haberlas inventado? Todo lo que puedo hacer es presentarles a Jesús, el precioso Salvador, para que sea su Modelo. Si aman a Jesús, serán puros, inocentes, incontaminados. Se rodearán de una atmósfera de fe y no de duda, escepticismo e incredulidad. Hablarán de Jesús, del cielo, de los deberes del cristiano, de la lucha de éste y de cómo resistir con éxito los poderes de Satanás. No serán semejantes a los buitres que devoran lo que suponen son los defectos de los demás (Cada día con Dios, p. 141).
Todo cuanto hacen los cristianos debe ser transparente como la luz del sol. La verdad es de Dios; el engaño, en cada una de sus muchas formas, es de Satanás… Pero no es fácil ni sencillo decir la verdad exacta. No podemos decirla a menos que la sepamos; y ¡cuántas veces las opiniones preconcebidas, el prejuicio mental, el conocimiento imperfecto, los errores de juicio impiden que tengamos una comprensión correcta de los asuntos que nos atañen! No podemos hablar la verdad a menos que nuestra mente esté bajo la dirección constante de Aquel que es verdad (Reflejemos a Jesús, p. 63).
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