Notas de Elena | Miércoles 28 de septiembre 2016 | El reino final | Escuela Sabática


Miércoles 28 de septiembre: El reino final
Dios nos ha dado una elevada norma para alcanzar. A fin de capacitar al hombre para llegar a ella, Dios envió al mundo a su Hijo unigénito. Cristo hizo un sacrificio infinito en nuestro favor. Puso a un lado su corona regia y su manto real, revistió su divinidad con humanidad, y vino al mundo a enseñar a los hombres las leyes de la vida y la salvación, las que ellos debían cumplir al pie de la letra a fin de tener vida eterna en el reino de gloria.
Satanás sostenía que era imposible que los seres humanos pudieran guardar la ley de Dios. A fin de probar la falsedad de esta denuncia, Cristo dejó su elevado imperio, tomó sobre sí la naturaleza del hombre y vino a la tierra para colocarse a la cabeza de la raza caída, a fin de mostrar que la humanidad podía soportar las tentaciones de Satanás. Se convirtió en la Cabeza de la humanidad, para ser asaltado con tentaciones en cada punto, como la naturaleza humana caída habría de ser tentada, a fin de que pudiera saber cómo socorrer a los que son tentados. Llevando nuestra naturaleza, fue leal a la norma de justicia de Dios y obtuvo la victoria sobre Satanás. Fue tentado en todo tal como nosotros lo somos, pero sin pecado.
Antes que Cristo viniera en persona para revelar el carácter de su Padre, Satanás pensó que tenía a todo el mundo de su lado, y todavía hoy el enemigo está empeñado en ganar la partida con cada uno… Hemos de ser representantes de Cristo en este mundo. Él nos llamó a la gloria y la virtud. Tal como Cristo representó al Padre, así debemos hacerlo ante el mundo, porque al representar a Cristo estamos representando al Padre, quien se encuentra en todo lugar para ayudar donde sea necesario.
Tenemos una gran obra que realizar por el Maestro. Considerando cuánto sacrificó Jesús en nuestro favor al dar su vida por nuestra salvación, ¿permitiremos que se avergüence de nosotros por nuestra conducta?
Es para la gloria de Dios que nos da de su virtud. Anhela que nos elevemos al más alto nivel. Cuando mediante una fe viva nos aferramos del poder de un Cristo viviente; cuando imploramos sus promesas indefectibles y las reclamamos como nuestras; cuando buscamos el poder del Espíritu Santo, estamos comiendo la carne y bebiendo la sangre del Hijo de Dios (Alza tus ojos, p. 170).
Jesús no presentó a sus seguidores la esperanza de alcanzar gloria y riquezas terrenas ni de vivir una vida libre de pruebas. Al contrario, los llamó a seguirle en el camino de la abnegación y el vituperio. El que vino para redimir al mundo fue resistido por las fuerzas unidas del mal. En confederación despiadada, los hombres malos y los ángeles caídos se opusieron al Príncipe de Paz. Todas las palabras y los hechos de él revelaron divina compasión, y su diferencia del mundo provocó la más amarga hostilidad.
Así será con todos los que deseen vivir píamente en Cristo Jesús.
Persecuciones y vituperios esperan a todos los que estén dominados por el espíritu de Cristo. El carácter de la persecución cambia con los tiempos, pero el principio el espíritu que la fomenta es el mismo que siempre mató a los escogidos del Señor desde los días de Abel (Los hechos de los apóstoles, p. 460).

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