Notas de Elena | Miércoles 30 de agosto 2017 | Agar en el Monte Sinaí | Escuela Sabática

Miércoles 30 de agosto: Agar en el Monte Sinaí
Dios había llamado a Abraham para que fuese el padre de los fieles, y su vida había de servir como ejemplo de fe para las generaciones futuras. Pero su fe no había sido perfecta. Había manifestado desconfianza para con Dios al ocultar el hecho de que Sara era su esposa, y también al casarse con Agar.
Para que pudiera alcanzar la norma más alta, Dios le sometió a otra prueba, la mayor que se haya impuesto jamás a hombre alguno. En una visión nocturna se le ordenó ir a la tierra de Moria para ofrecer allí a su hijo en holocausto en un monte que se le indicaría (Patriarcas y profetas, p. 143).
Lo que más necesitamos es fe en Dios. Cuando miramos el lado oscuro de las cosas, perdemos nuestro punto de apoyo en el Señor Dios de Israel. Cuando abrimos nuestros corazones al temor, la senda del progreso queda obstruida por la incredulidad. No abriguemos nunca el sentimiento de que Dios ha abandonado su obra.
No habrá que hablar tanto sin fe… Si cultiváis la fe, si os ponéis en relaciones normales con Dios, y por oraciones fervientes os identificáis con vuestro deber, seréis usados por el Espíritu Santo. Los numerosos problemas que hoy parecen sin solución, podréis resolverlos por vuestra propia cuenta confiando de continuo en Dios. No es necesario que estéis en dolorosa incertidumbre, pues vivís bajo la dirección del Espíritu Santo. Podéis andar y trabajar con confianza.
Debemos tener menos fe en lo que podemos hacer, y más fe en lo que el Señor puede hacer por nosotros, si queremos tener manos limpias y corazones puros (Testimonios para la iglesia, t. 7, pp. 202).
Vez tras vez Dios se manifestó a [sus hijos]… Pero ahora, cuando las dificultades asomaban delante de ellos, se rebelaron, desconfiaron de Dios y se quejaron de que Moisés los hubiera sacado a ellos y a sus hijos de Egipto solo para que muriesen de sed en el desierto…
Hoy muchos piensan que cuando comienzan su vida cristiana se encontrarán libres de toda necesidad y de toda dificultad. Pero todo aquel que toma su cruz y sigue a Cristo tiene un Refidim en su camino. La vida no está toda hecha de verdes prados ni de aguas de reposo. El desaliento nos alcanza; llegan las privaciones; se producen incidentes que nos ponen en dificultad… Acusados por la con-ciencia razonamos que si hubiéramos caminado con Dios nunca hubiésemos sufrido de este modo…
Desde antaño el Señor condujo a su pueblo a Refidim, y puede escoger conducimos a nosotros allí con el propósito de probar nuestra fidelidad y lealtad hacia él. En su misericordia, él no siempre nos coloca en los lugares más fáciles; pues si lo hiciera, por nuestra autosuficiencia olvidaríamos que el Señor es nuestro ayudador en tiempo de necesidad… El permite los desengaños y las pruebas para que percibamos nuestra impotencia y aprendamos a pedir ayuda al Señor, como un niño que cuando está hambriento y sediento se di-rige a su padre terrenal (Reflejemos a Jesús, p. 345).

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