Miércoles 31 de diciembre: Los beneficios de la sabiduría
Abrid la Biblia ante los jóvenes, dirigid su atención a los tesoros ocultos que ella encierra, enseñadles a buscar sus joyas de verdad, y obtendrán ellos una fuerza intelectual que no podrá impartirles el estudio de todo lo que abarca la filosofía. Los grandes temas que la Biblia trata, la digna sencillez de sus declaraciones inspiradas, los temas elevados que presenta a la mente, la luz penetrante y clara que fluye del trono de Dios y alumbra el entendimiento, desarrollarán las facultades de la mente hasta un punto que difícilmente puede ser comprendido y que nunca será plenamente explicado (Mensajes para los jóvenes, p. 252, 253).
En su palabra el señor enumera los dones y las gracias que son indispensables para todos los que se relacionan con su obra. Él no nos enseña a ignorar el conocimiento o a despreciar la educación; porque cuando es controlada por el amor y el temor de Dios, la cultura intelectual es una bendición; sin embargo ésta no se presenta como la calificación más importante para el servicio de Dios. Jesús dejó de lado a los hombres sabios de su tiempo, los hombres de educación y posición, porque eran tan orgullosos y tenían tanta suficiencia en su decantada superioridad, que no podían simpatizar con la humanidad que sufría, y llegar a ser colaboradores con el Hombre de Nazaret. En su fanatismo desdeñaban el hecho de ser enseñados por Cristo. El señor Jesús quiere tener relacionados con su obra a hombres que aprecien esa obra como sagrada; entonces ellos pueden cooperar con Dios. Serán canales sin obstrucción por los cuales fluya su gracia. Los atributos de Cristo pueden ser impartidos únicamente a los que desconfían de sí mismos. Los frutos de la verdadera sabiduría vienen solamente de Cristo (Testimonios para los ministros, p. 262, 263).
Al adquirir la sabiduría de los babilonios, Daniel y sus compañeros tuvieron mucho más éxito que los demás estudiantes; pero su saber no les llegó por casualidad […]. Se relacionaron con la Fuente de toda sabiduría, e hicieron del conocimiento de Dios el fundamento de su educación. Con fe, oraron por sabiduría y vivieron de acuerdo con sus oraciones. Se colocaron donde Dios podía bendecirlos. Evitaron lo que habría debilitado sus facultades, y aprovecharon toda oportunidad para familiarizarse con todos los ramos del saber. Siguieron las reglas de la vida que no podían menos que darles fuerza intelectual. Procuraron adquirir conocimiento con un propósito: el de poder honrar a Dios […]. A fin de destacarse como representantes de la religión verdadera en medio de las falsas religiones del paganismo, necesitaban tener un intelecto claro y perfeccionar un carácter cristiano. Y Dios mismo fue su Maestro. Orando constantemente, estudiando concienzudamente y manteniéndose en relación con el Invisible, anduvieron con Dios como lo hizo Enoc (Conflicto y valor, p. 247).
El Salvador del mundo ofrece el don de la vida eterna a los descamados. Con una compasión aun mayor que la de un padre terrenal que perdona a su hijo descarriado, arrepentido y sufriente. Jesús busca una respuesta a sus ofrecimientos de amor y perdón. Clama a los errantes: “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros” (Malaquías 3:7). Si el pecador no escucha la voz de misericordia que lo llama con tierno y compasivo amor, su alma quedará en las tinieblas. Si desaprovecha la oportunidad que se le presenta y persiste en su mala conducta, en el momento menos esperado, la ira de Dios caerá sobre él. “El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” (Proverbios 29:1) […]. “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría” (Proverbios 9:10). Es el fundamento de la correcta educación. Los que, teniendo una oportunidad favorable, no hayan aprendido esta primera lección, no solo están descalificados para el servicio en la causa del Señor, sino que son un claro perjuicio para la comunidad en la que viven.
Salomón exhorta a los jóvenes: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; porque adorno de gracia será a tu cabeza, y collares a tu cuello […]. La sabiduría clama en las calles: […] Volveos a mi reprensión; he aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros, y os haré saber mis palabras” (Proverbios 1:8,9; 20-23), (Testimonios para la iglesia, t.4, p. 205, 206).
http://escuelasabatica.es/

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