Notas de Elena | Miércoles 6 de abril 2016 | La tierra de Zabulón y Neftalí | Escuela Sabática
Miércoles 6 de abril: La tierra de Zabulón y Neftalí
Fue en Capemaum donde Jesús residía en los intervalos de sus viajes de aquí para allá, y ésta llegó a denominarse “su ciudad”. Esta ciudad era adecuada para ser el centro de trabajo del Salvador. Siendo el camino de Damasco a Jerusalén y a Egipto, así como al Mar Mediterráneo, era un gran centro de viaje. Personas provenientes de muchos países pasaban por la ciudad, o se quedaban a descansar de sus viajes de aquí para allá. Aquí Jesús podía encontrarse con personas de todas las naciones y los rangos sociales, con los ricos y grandes, así como con los pobres y humildes; y sus lecciones serían llevadas a otros países y a muchos hogares. Así podía excitarse el interés en la investigación de las profecías; la atención sería dirigida al Salvador, y su misión sería presentada al mundo (Servicio cristiano, pp. 158, 159).
Cristo pudo haber ocupado la posición más elevada entre los más destacados maestros de la nación judía. Pero eligió en cambio llevar el evangelio a los pobres. Fue de lugar en lugar, para que los que se encontraban en los lugares poblados y en los sitios apartados pudieran comprender las palabras del evangelio de la verdad. Trabajó en la forma como desea que sus obreros trabajen en la actualidad. Junto al mar, sobre la falda de la montaña, en las calles de la ciudad, se oyó su voz que explicaba las escrituras del Antiguo Testamento. Su explicación fue tan distinta de la explicación dada por los escribas y fariseos, que llamó la atención de la gente. Enseñó como alguien que tenía autoridad, y no como los escribas. Proclamó el mensaje evangélico con claridad y poder.
Nunca existió un evangelista como Cristo. Era la mayúscula majestad del cielo, pero se humilló para adoptar nuestra naturaleza a fin de encontrar a los hombres en el lugar donde están. Cristo, el Mensajero del Pacto, llevó las nuevas de la salvación a todos, ricos y pobres, libres y esclavos. ¡Cómo se agolpaba la gente junto a él! Venían de lejos y de cerca en busca
de sanamiento, y él los sanaba a todos. Su fama como Gran Sanador se difundió por toda Palestina, desde Jerusalén hasta Siria. Los enfermos acudían a los lugares por donde pensaban que pasaría, a fin de pedir su ayuda, y él los sanaba de sus enfermedades. También acudían los ricos ansiosos de escuchar sus palabras y de recibir un toque de su mano. Así iba de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, predicando el evangelio y sanando a los enfermos — el Rey de gloria ataviado con el humilde ropaje de la humanidad (Consejos sobre la salud, pp. 314, 315).
Sed “amigables”, es un mandato bíblico. Todos tenemos nuestro temperamento peculiar. Algunos tienen muy vivo el genio, algunos se inclinan a ser hoscos, algunos obstinados y otros vulgares y rudos, ásperos en palabras. Por consiguiente necesitamos cultivar nuestro genio, dominamos a nosotros mismos… Mitigad todo lo que sea áspero en vuestro temperamento y pulid los ásperos bordes de vuestro carácter.
No seáis nunca agrios ni bruscos. Absteneos de enojos y desdenes, no importa cuán ofendidos os sintáis. Ganaréis respeto siendo respetuosos y corteses. Tratad a cada uno con cortesía; han sido comprados con la sangre de Cristo. Si tratáis de imitar a Cristo en vuestro carácter, la impresión sobre la gente no será hecha por vosotros sino por los ángeles de Dios que están precisamente a vuestro lado. Ellos tocarán los corazones de aquellos con quienes habláis.
Los que esperan ser compañeros de ángeles santos debieran poseer modales refinados. Si los principios de la religión cristiana son llevados a cabo en la vida diaria, habrá una bondadosa consideración hacia otros; porque ésta fue la característica de Cristo. Entonces, aunque un hombre pueda ser pobre, tendrá verdadera dignidad, porque es un noble de Dios (En lugares celestiales, p. 296).

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