Notas de Elena | Sábado 10 de septiembre 2016 | Ministerio urbano en el tiempo del fin | Escuela Sabática


Sábado 10 de septiembre

Por intermedio de Jeremías, Sedequías y todo Judá, inclusive los que habían sido llevados a Babilonia, recibieron el consejo de someterse tranquilamente al gobierno provisorio de sus conquistadores. Era especialmente importante que los que se hallaban en cautiverio procurasen la paz de la tierra a la cual habían sido llevados. Pero esto era contrario a las inclinaciones del corazón humano; y Satanás, aprovechándose de las circunstancias, hizo que se levantaran entre el pueblo, tanto en Jerusalén como en Babilonia, falsos profetas para declarar que no tardaría en verse roto el yugo de servidumbre, y restaurado el anterior prestigio de la nación. Si el rey y los desterrados hubiesen prestado oídos a profecías tan halagüeñas, habrían dado pasos fatales y frustrado los misericordiosos designios de Dios en su favor… ¡Con qué tierna compasión informó Dios a su pueblo cautivo acerca de sus planes para Israel! Sabía que si éste se dejaba persuadir por los falsos profetas a esperar una pronta liberación, su posición en Babilonia resultaría muy difícil. Cualquier demostración o insurrección de su parte despertaría la vigilancia y la severidad de las autoridades caldeas, y acarrearía una mayor restricción de sus libertades. De ello resultarían sufrimientos y desastres. Él deseaba que se sometiesen a su suerte e hiciesen tan placentera como fuese posible su servidumbre; de manera que el consejo que les daba era: “Edificad casas, y morad; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos… Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice traspasar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz” (Jeremías 29:57) (Profetas y reyes, pp. 324, 325).
En la profecía referente a la destrucción de Jerusalén, Cristo dijo: “Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad [el amor] de muchos se resfriará. Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todos los gentiles; y entonces vendrá el fin”. Esta profecía volverá a cumplirse. La abundante iniquidad de aquel día halla su contraparte en esta generación. Lo mismo ocurre con la predicción referente a la predicación del evangelio. Antes de la caída de Jerusalén, Pablo, escribiendo bajo la inspiración del Espíritu Santo, declaró que el evangelio había sido predicado a “toda criatura que está debajo del cielo”. Así también ahora, antes de la venida del Hijo del hombre, el evangelio eterno ha de ser predicado “a toda nación y tribu y lengua y pueblo”. Dios “ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo”.
Cristo nos dice cuándo ha de iniciarse ese día. No afirma que todo el mundo se convertirá, sino que “será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todos los gentiles; y entonces vendrá el fin”. Mediante la proclamación del evangelio al mundo, está a nuestro alcance apresurar la venida de nuestro Señor. No solo hemos de esperar la venida del día de Dios, sino apresurarla.
Si la iglesia de Cristo hubiese hecho su obra como el Señor le ordenaba, todo el mundo habría sido ya amonestado, y el Señor Jesús habría venido a nuestra tierra con poder y grande gloria (El Deseado de todas las gentes, pp. 587, 588)
Notas de Elena para la Escuela Sabática | Lección 12 | Para el 17 de septiembre de 2016| Ministerio urbano en el tiempo del fin | El papel de la iglesia en la comunidad | Tercer trimestre 2016

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