Notas de Elena | Sábado 11 de febrero 2017 | El Espíritu Santo y el fruto del Espíritu | Escuela Sabática


Sábado 11 de febrero
La influencia del Espíritu Santo es la vida de Cristo en el alma. No vemos a Cristo ni le hablamos, pero su Espíritu Santo está tan cerca de nosotros en un lugar como en otro. Obra en cada uno que recibe a Cristo y mediante él. Los que conocen la morada interior del Espíritu revelan los frutos del Espíritu: amor gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe (Comentarios de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, pp. 111, 1112).
Un hombre puede tener un conocimiento de las Escrituras que no lo hará sabio para la salvación, aunque pueda vencer a sus adversarios en un debate público. Si no tiene hambre del espíritu hacia Dios; si no escudriña su propio corazón como con una lámpara encendida, por temor de hallar algún mal que se esconde allí; si no fuera posesionado por un deseo de cumplir la oración de Cristo, de que sus discípulos sean uno, como él es uno con el Padre, para que el mundo crea que Jesús es el Cristo, entonces él mismo se engaña, creyéndose cristiano. Su conocimiento, nacido de la ambición, es alimentado con el orgullo; pero su alma está destituida del amor divino, de la bondad y la mansedumbre de Cristo. No es un hombre sabio a la vista de Dios. Puede tener la sabiduría necesaria para vencer un oponente; pero no puede de ninguna manera ser sabio para la salvación sin el agente del Espíritu Santo. Y el “fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”. Ni el talento ni la elocuencia ni el estudio egoísta de las Escrituras producirán amor a Dios ni conformidad a la imagen de Cristo. Nada sino el poder divino puede regenerar el corazón y el carácter humanos, ni imbuir el alma con el amor de Cristo, que siempre se manifestará en amor hacia aquellos por quienes él murió (Review and Herald, 28 de noviembre de 1893).
Si trabajáis por las almas dependiendo de Dios humilde y confiadamente, si reflejáis el esplendor de su Espíritu a través de un carácter semejante al de Cristo; si la simpatía, la bondad, la tolerancia y el amor son principios constantes en vuestra vida, seréis una bendición para todos los que os rodean. No censuraréis a otros, ni exhibiréis contra ellos un espíritu rudo y acusador; no sentiréis que sus ideas deben adaptarse a vuestras normas; sino que el amor de Jesús y el apacible fruto de la justicia se revelarán en vosotros (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 610).
Si aceptáis a Cristo como a vuestro Salvador personal, conoceréis por experiencia el valor del gran sacrificio hecho en vuestro favor en la cruz del Calvario. El Espíritu de Cristo, al obrar sobre el corazón, lo conforma a su imagen; pues Cristo es el modelo sobre el cual trabaja el Espíritu. Mediante el ministerio de su Palabra, sus providencias, su obra interior, Dios estampa la semejanza de Cristo en el alma.
Poseer a Cristo es vuestra primera obra, y revelarlo como Aquel que puede salvar hasta lo sumo a todos los que se le allegan, es vuestra obra que le sigue en importancia. Servir al Señor de todo corazón es honrar y glorificar su nombre ocupándoos de cosas santas, teniendo la mente llena de las verdades vitales reveladas en su santa Palabra (That I May Know Him, p. 94; parcialmente en A fin de conocerle, p. 96).
Notas de Elena para la Escuela Sabática | Lección 7 | Para el 18 de febrero 2017 | El Espíritu Santo y el Fruto del Espíritu | El Espíritu Santo y la Espiritualidad | Primer trimestre 2017 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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